Monseñor José Vicente Nácher, arzobispo de Tegucigalpa, en la homilía dominical celebrada en la Iglesia Metropolitana San Miguel Arcángel de Tegucigalpa, dijo que la parábola del trigo y la cizaña, nos prepara.

"Esta parábola hace referencia al gran misterio que existe en la historia, la convivencia entre el bien y el mal", apuntó.

Y agregó: "No deja de angustiarnos y nos cuesta comprenderlo. El dueño del campo muestra una serenidad grande y un gran cuidado para que no se pierda ninguno de sus hijos".

Nácher habló que la mayoría de nosotros quisiéramos que esa cizaña fuera arrancada o cuanto menos que dejara el enemigo de sembrarla.

"Como dicen, bastante tenemos con nuestras propias debilidades que si además nos hacen daño desde fuera, sufrimos mucho", comentó.

¿El mal golpea?

"¿Porque Dios permite que el mal nos siga golpeando?, no es fácil la respuesta, más aún permítanme que les diga, no nos conformemos con respuestas fáciles, porque la respuesta de Dios sigue manifestándose indulgente con todos", dijo.

Aunque bien aseguraba jesús que no hay nada oculto que no llegue a saberse, expresó el jerarca de la Iglesia.

El debate de los discípulos radica en el tiempo, así lo manifiesta la prisa de los criados y la admirable paciencia del dueño del campo.

"El dueño es paciente pero no permisivo ya que en la ciega final, la cizaña será apartada, porque el mal es fruto del pecado y se identifica con la muerte" expuso Nácher.

Las prisas nos identifican a nosotros, la paciencia a Dios, señaló. Por eso dijo que comprendemos mejor el Libro de la Sabiduría si recordamos que nos habla de la experiencia de generaciones de creyentes.

"Generaciones del pueblo de Israel que sufrieron el destierro y la liberación, daños recibidos y daños ocasionados. Una multitud de experiencias contradictorias cargadas de trigo y cizaña de la historia", apuntó.

Pero a todos, aseguró que nunca les faltó la presencia de Dios, un Dios que se revela siempre a pesar de la incomprensión, del egoísmo y la malidicencia.

El poder de Dios

Es en la primera lectura, el llama a controlar el poder y "nos juzgas con benignidad y nos gobiernas con gran indulgencia" dijo el arzobispo.

Entonces, preguntó: "¿No es acaso la indulgencia una bella parábola del poder de Dios?, mientras queremos mostrar nuestro poder con instransigencia, castigo, desconfianza, fuerza, Dios conforme a su encarnación sigue mostrando su poder con paciencia".

Cristo, dijo, muestra su fragilidad, asumiendo la fragilidad humana.

"La paciencia, es la indulgencia de Dios con la que manifiesta su grandeza", finalizó diciendo en la homilía dominical.

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