Durante años, cruzar El Amatillo era una prueba de paciencia para transportistas y empresas. Una mercancía podía permanecer más de tres días esperando atravesar la frontera entre Honduras y El Salvador.

Ese reloj cambió y las reformas regulatorias, institucionales y de infraestructura impulsadas en Honduras redujeron los tiempos de cruce de más de 74 horas a poco más de dos horas, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Pero mientras Honduras consigue acelerar una de sus principales puertas terrestres al comercio regional, otra frontera crece a una velocidad mucho mayor.

No tiene que ver con garitas, filas de camiones ni puestos migratorios, está en internet.

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Honduras resolvió horas en la frontera; ahora necesita competir en segundos

Lo ocurrido en El Amatillo permite dimensionar cuánto puede cambiar el comercio cuando desaparece un cuello de botella.

Pasar de más de 74 horas de espera a poco más de dos significa reducir tiempo, incertidumbre y costos para quienes transportan mercancías.

Pero la transformación digital agrega nuevas exigencias, ya no basta con que un producto atraviese rápidamente una aduana.

Las empresas necesitan conectividad confiable, sistemas de pago, logística eficiente, reglas para transacciones electrónicas, protección de datos, ciberseguridad y trabajadores capaces de operar en mercados digitales.

Y allí aparecen nuevas barreras, en muchas economías de Centroamérica, los Andes y el Caribe, el uso de internet todavía se encuentra por debajo del 80 %.

También existe una brecha entre tener acceso al sistema financiero y utilizarlo para comprar digitalmente.

Aunque 74 % de los adultos de América Latina y el Caribe tiene una cuenta transaccional, solamente 20 % realiza pagos en línea de persona a empresa.

La frontera digital también tiene sus propias filas.

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El talento es otra aduana

Existe además una barrera que ninguna carretera puede resolver: las habilidades.

Solo 17 % de los graduados de educación terciaria de América Latina y el Caribe proviene de carreras STEM, vinculadas con ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.

El BID advierte que mejorar internet o modernizar regulaciones no garantiza automáticamente mayores exportaciones si las empresas y los trabajadores no desarrollan las capacidades necesarias para aprovecharlas.

El desafío, por tanto, ya no consiste únicamente en mover más rápido un contenedor. Consiste en conseguir que una empresa venda un servicio desde Honduras, cobrarlo, entregar digitalmente el producto y competir con proveedores ubicados a miles de kilómetros.

Frontera Amatillo, comercio digital
El Amatillo acorta los tiempos de cruce mientras la digitalización abre nuevas rutas para agilizar trámites y conectar a Honduras con el comercio global. Foto diseño con IA.

De El Amatillo a fronteras invisibles

Las proyecciones muestran el tamaño de lo que está en juego, las exportaciones latinoamericanas de servicios susceptibles de prestarse digitalmente podrían crecer hasta 7.9 % anual hacia 2040,.

Esto según simulaciones recogidas en un informe conjunto del BID, Banco Mundial y Organización Mundial del Comercio.

La digitalización podría aportar 4.5 puntos porcentuales a ese crecimiento y Honduras ya tiene una pequeña muestra de lo que ocurre cuando se elimina una barrera comercial.

El Amatillo pasó de jornadas enteras de espera a un cruce que puede medirse en horas y ahora la carrera se mueve hacia una frontera menos visible.

Porque mientras los camiones avanzan más rápido por El Amatillo, el comercio digital obliga a Honduras a competir en un territorio donde las distancias desaparecen y quedarse detenido también tiene un costo.

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