En la aldea de Cartagua, municipio de Cucuyagua, Copán, donde el aroma a café se mezcla con la historia familiar, Carmen Andrea Alvarado Leonardo jamás imaginó que sus pasos como ingeniera agroindustrial y productora le llevarían más allá de las montañas de occidente.

Con apenas 25 años, la seleccionó el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para integrar una misión especial a Ecuador, donde conoció de primera mano lo que significa producir café libre de deforestación.

Ecuador se ha posicionado como un referente en la producción y comercialización de café sostenible libre de deforestación.

En la región amazónica del país, el cultivo del grano representa el 34% de la superficie cafetalera nacional, distribuyéndose en seis provincias.

En el norte de la Amazonía predomina la producción de café robusta, que abarca aproximadamente el 68% de la zona cultivada, mientras que en el sur, el 32% de esa superficie se dedica al cultivo de café arábigo.

La gira

Durante el encuentro entre el PNUD Ecuador y la delegación de Honduras, se intercambiaron experiencias, desafíos y enfoques innovadores para impulsar una caficultura ambientalmente responsable.

Esto en aras de fortalecer el desarrollo económico local. Entre los aspectos más relevantes discutidos están: la conexión con sistemas de trazabilidad digital apoyados por tecnologías de la información (TI).

Además que la inteligencia artificial comenzó a incorporarse en los procesos de producción y seguimiento.

Se observa un creciente interés de los jóvenes por las herramientas digitales, lo que les permite mantenerse vinculados al campo y contribuir a su modernización.

También se exploran nuevas líneas de negocio para reducir la carga financiera sobre los productores, así promueven la sostenibilidad a largo plazo, entre otros.

“Uno nunca deja de aprender”

“Ver todo esto abrió más mi curiosidad; el mundo del café es bastante amplio. Uno nunca deja de aprender y debe estar actualizándose permanentemente”, relata Carmen.

La copaneca está emocionada por conocer las fincas que lograron certificarse con estándares europeos para la producción de café orgánico.

Su sueño, ahora, es replicar ese modelo en Honduras, con mejoras concretas y visión a largo plazo.

La misión, organizada con el apoyo del PNUD en Ecuador, no solo compartió experiencias sobre sostenibilidad, sino que mostró cómo una caficultura libre de deforestación puede posicionarse mejor en los mercados internacionales.

Un valor clave en tiempos donde la trazabilidad y el respeto ambiental ya no son opcionales.

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Durante la gira de intercambio se analizaron experiencias clave en torno a la iniciativa de café sostenible libre de deforestación. Foto; PNUD.

Las mujeres que sostienen el grano

Carmen forma parte de las más de 21 mil mujeres que producen café en Honduras. En sus manos está casi un millón y medio de quintales del grano que nace de 77 mil manzanas de tierra.

Pero no todo es aroma y sabor: el camino para las productoras aún es cuesta arriba y ellas lo saben.

Astrid Mejía, especialista de programas del PNUD en Honduras, explica que el proyecto “Acelerando el Impacto de las Mujeres Rurales en la Cadena de Valor del Café” busca precisamente cerrar esas brechas.

“Buscamos identificar fincas de mujeres asociadas a cooperativas de café que cumplan con el estándar de café libre de deforestación, así como fortalecer la trazabilidad para mejorar su posicionamiento en el mercado”, afirma.

El café que impulsa la economía hondureña

En Honduras, el café representa más que una bebida: es vida, es herencia, es economía.

Aporta más del 3% del PIB nacional y cerca del 30% del PIB agrícola. Supera en divisas incluso al banano, segundo producto de exportación.

Con más de 120 mil productores, de los cuales el 76% cultiva en menos de cinco hectáreas, el café sostiene a comunidades enteras.

Pero la sostenibilidad del sector se enfrenta a nuevos retos, sobre todo en el marco de la regulación europea contra la deforestación (EUDR).

Ahora se exige mayor trazabilidad y respeto al medio ambiente para poder exportar. Honduras, que vive del café, no puede quedarse atrás.

Aprender para transformar

Carmen, quien además es socia de la organización Proexo, regresa a su comunidad con ideas renovadas.

“Tengo altas expectativas de mejora, incluso de producir un café completamente orgánico”, dice.

Su historia es el reflejo de miles de mujeres rurales que, con o sin títulos, sostienen la caficultura nacional.

Y así, el intercambio con Ecuador se convierte en algo más que una gira técnica: es un punto de inflexión.

Es el momento de repensar el modelo de producción, de abrir paso a una caficultura más inclusiva, justa y en armonía con la tierra.

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Una taza sin culpa

Mientras el mundo exige cafés más limpios y sostenibles, Honduras comienza a caminar con paso firme.

De la mano de mujeres como Carmen, y con el respaldo de iniciativas que priorizan el desarrollo rural con rostro humano, el país tiene la oportunidad de ofrecer al mundo una taza sin culpa.

Sí, una taza libre de deforestación, cargada de esperanza, y que se cultiva por manos que sueñan con un futuro mejor.