Honduras ya tiene una de las piezas más difíciles del negocio: millones de sacos de café para vender al mundo.
También tiene compradores. Estados Unidos y Alemania reciben prácticamente la mitad de las exportaciones hondureñas y el país se mantiene entre los grandes productores latinoamericanos.
Pero entre producir mucho y conseguir el máximo valor posible por esa cosecha existe una brecha que el sector todavía puede aprovechar.
El productor Leonel Enrique Ortez lo resume en una apuesta: convertir una mayor parte del enorme volumen de café hondureño en producto de mayor calidad.
La lógica es sencilla: no se trata únicamente de conseguir que salgan más sacos de Honduras, sino de crear las condiciones para que una proporción mayor pueda generar mejores ingresos.
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Honduras ya tiene el volumen de café
Las cifras permiten entender el tamaño de esa oportunidad y hasta julio de 2026, Honduras exportó unos 6.49 millones de sacos de 46 kilogramos, frente a aproximadamente 5.52 millones durante el mismo período de 2025.
Eso representa un crecimiento de 17.6 %, equivalente a unos 969,100 sacos adicionales.
Los envíos generaron 2,016.5 millones de dólares, unos 12.1 millones más respecto al mismo período del año anterior, según datos del Banco Central de Honduras (BCH).
Es decir, el café ya mueve miles de millones de dólares y Honduras consigue incrementar considerablemente el volumen colocado fuera de sus fronteras.
La discusión que plantea Ortez comienza justamente después de esos números: ¿qué ocurriría si una mayor parte de semejante producción alcanzara estándares superiores de calidad?

El siguiente salto está en la calidad
Honduras no parte de cero y Ortez sostiene que el país ya cuenta con numerosos cafés de muy buena calidad.
El desafío está en ampliar esa característica dentro de una producción dominada por grandes volúmenes.
“Tenemos muchísimo volumen y últimamente tenemos muchísimos cafés de muy buena calidad. Lastimosamente, pues lo que más tenemos es volumen”, explicó el productor durante la Honduran Coffee Expo celebrada en Comayagua.
Su planteamiento apunta directamente al valor económico que podría obtener el país.
“Si nosotros ese volumen lo convertimos en volumen de calidad, eso nos ayudaría exageradamente a poder generar mucha divisa y generar muchos recursos para el país”, agregó.
La apuesta, por tanto, no es abandonar la producción masiva que ya sostiene las exportaciones, es agregarle valor.
Dos países compran casi la mitad
Honduras tampoco necesita comenzar desde cero en la búsqueda de mercados. Estados Unidos concentra 32.7 % de las exportaciones de café hondureño, mientras Alemania recibe otro 17.1 %.
Entre ambos absorben prácticamente la mitad de los envíos. La presencia en esos mercados muestra que Honduras ya tiene una puerta abierta para colocar su producción internacionalmente.
El desafío planteado por el productor está en aprovechar esa posición para impulsar una mayor cantidad de café diferenciado y fortalecer el valor generado desde las fincas.

Mejor café también exige invertir
Pero conseguirlo cuesta dinero y los productores enfrentan incrementos en carburantes que repercuten en otros insumos necesarios para mantener las plantaciones.
Agroquímicos y fertilizantes forman parte de una factura que se vuelve más pesada para quienes viven de la caficultura.
A esas presiones económicas se suma un factor sobre el que los productores tienen mucho menos control: el clima.
Ortez explicó que la falta de lluvia mantiene bajo estrés a las plantas y puede favorecer determinadas plagas.
Después aparece el extremo contrario.
Los excesos de lluvia también terminan afectando las plantaciones, complicando todavía más el trabajo necesario para sostener producción y calidad.
El pequeño productor necesita algo más que dinero
Elevar la calidad tampoco depende exclusivamente de conseguir financiamiento.
Para Ortez, entregar recursos sin acompañarlos de conocimientos puede convertirse incluso en otro problema para pequeños productores del interior del país.
Por eso plantea combinar acceso a capital con educación financiera y asistencia técnica directamente en las fincas.
Un productor necesita saber no solamente cómo conseguir dinero, sino dónde invertirlo y cómo utilizarlo para fortalecer su producción sin terminar atrapado por las obligaciones financieras.
Ese acompañamiento adquiere mayor importancia si la meta es pasar de producir simplemente más café a producir una mayor cantidad capaz de diferenciarse por su calidad.
Hacer que el volumen valga más
El café hondureño ya demostró que tiene espacio en el mercado internacional y los más de seis millones de sacos exportados hasta julio y los 2,016.5 millones de dólares muestran una industria capaz de mover enormes cantidades de producto y divisas.
El desafío que ahora ponen sobre la mesa los productores no consiste en sustituir ese modelo de volumen, consiste en aprovecharlo.
Porque Honduras ya tiene millones de sacos, compradores internacionales y cafés capaces de destacar por su calidad.
El siguiente salto está en conseguir que cada vez más de esos sacos no solo salgan de Honduras, sino que salgan con mayor valor.
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