Honduras puso sobre la mesa una amenaza que ya no se mueve solo en cargamentos de cocaína ni en rutas tradicionales del narcotráfico: las drogas sintéticas. Sustancias como el fentanilo, las metanfetaminas y el éxtasis comienzan a marcar una nueva etapa del crimen organizado, más silenciosa, más barata de producir y con un impacto mortal sobre la población.
Durante la Conferencia Internacional sobre Drogas Sintéticas, el país reunió a expertos y representantes de Colombia, México, Guatemala y República Dominicana para discutir cómo enfrentar laboratorios clandestinos, nuevas rutas criminales, control fronterizo e investigación penal.
Este es un fenómeno que ya golpea la seguridad y la salud pública regional y merece atención.
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Drogas sintéticas: cuando el narco cambia de rostro
El secretario de Defensa, Enrique Rodríguez Burchard, confirmó que en Honduras existe influencia de cárteles internacionales, aunque aclaró que no se trata de un fenómeno nuevo.
La diferencia, dijo, es que ahora se está abordando “con seriedad” desde el Estado. El funcionario aseguró que el Consejo Nacional de Defensa trabaja para “recapacitar y repotenciar” las capacidades institucionales frente a estas amenazas.
Aunque reconoció que en algunos momentos puede parecer que la realidad supera al Estado, sostuvo que “no es así”.

Drogas que se venden como recreativas, pero matan
Rodríguez Burchard advirtió que las drogas sintéticas representan un riesgo extremo por su potencia y facilidad de circulación.
Algunas, señaló, pueden ser hasta 100 veces más fuertes que otras sustancias. “Se presentan como drogas recreativas, pero en realidad son productos de muerte”, enfatizó el titular de Defensa.
El funcionario alertó sobre el peligro que estas sustancias representan para jóvenes, comunidades y sistemas de salud.

Una amenaza regional
La conferencia busca abrir una ruta de cooperación entre países que ya enfrentan el avance de redes transnacionales dedicadas al tráfico, producción y distribución de sustancias sintéticas.
El reto para Honduras no es menor: detectar laboratorios, cerrar rutas, fortalecer fronteras y mejorar la investigación criminal.
Todo, antes de que estas drogas encuentren terreno fértil en un país ya golpeado por el narcotráfico tradicional.
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