Honduras salió a buscar lluvia donde la naturaleza no siempre la entrega. Con la siembra de nubes, una aeronave surcó el cielo 18 veces para intentar estimular precipitaciones sobre tierras castigadas por la sequía.

Ahora, cuando faltan apenas dos vuelos para completar la operación, la siembra de nubes se aproxima a su momento decisivo: determinar qué ocurrió con las lluvias en las regiones intervenidas.

Detrás de esta apuesta están los cultivos que necesitan agua, las comunidades que dependen de sus fuentes naturales y las represas que abastecen ciudades y producen electricidad.

El programa contempla 20 operaciones aéreas, ya van 18 y los dos vuelos pendientes todavía no tienen fecha.

Su ejecución dependerá de que aparezcan nubes con suficiente humedad y condiciones atmosféricas apropiadas.

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La siembra de nubes llegó a nueve departamentos

El programa contempló sectores de Francisco Morazán, Comayagua, Choluteca, Valle, El Paraíso, La Paz, Intibucá, Lempira y Yoro.

La elección de estas zonas responde a dos necesidades: favorecer las precipitaciones en áreas agrícolas afectadas por la sequía y atender cuencas estratégicas para el abastecimiento de agua.

En Francisco Morazán se incluyeron Valle de Ángeles, Villa de San Francisco, Talanga, Maraita y sectores próximos a las represas que abastecen al Distrito Central.

La capital, sin embargo, quedó excluida de las áreas de intervención debido al riesgo de inundaciones.

En Comayagua, las operaciones abarcaron sectores de Comayagua y La Libertad. En Choluteca se priorizaron San Lorenzo, San Marcos de Colón, San Antonio de Flores y Choluteca, además de sectores vinculados al abastecimiento de la represa José Cecilio del Valle.

Mientras en El Paraíso se contempló el área del río Texíguat, La Paz, Intibucá y Lempira figuran entre las regiones del Corredor Seco incluidas en el programa.

Las represas son parte de la apuesta hondureña por estimular las lluvias. El programa de siembra de nubes contempla cuencas estratégicas para el abastecimiento de agua y la generación de energía eléctrica. Foto: cortesía.

El agua que también necesitan las represas

La siembra de nubes no estuvo dirigida exclusivamente a los campos agrícolas, en Yoro, las operaciones contemplaron sectores cercanos a la represa Francisco Morazán, conocida como El Cajón, una infraestructura estratégica para la generación hidroeléctrica.

También se incluyeron afluentes relacionados con esa cuenca, donde las precipitaciones contribuyen al comportamiento de los caudales que alimentan el embalse.

En otras regiones se priorizaron fuentes de abastecimiento de agua, especialmente aquellas vinculadas a comunidades y centros urbanos.

Sin embargo, que una aeronave interviniera sobre una cuenca no significa necesariamente que aumentaran las reservas de agua.

Los registros de los embalses y los caudales deberán formar parte de la evaluación final para conocer el comportamiento de estas fuentes durante el programa.

¿Qué lanzaron desde los aviones para estimular la lluvia?

Durante las primeras diez operaciones se utilizaron aproximadamente 1,000 litros de yoduro de plata, según la información disponible sobre la ejecución del programa.

Esta sustancia se emplea en determinados procedimientos de estimulación de nubes para favorecer la formación de precipitaciones cuando existen condiciones atmosféricas adecuadas.

La técnica no consiste en fabricar nubes ni en producir lluvia a voluntad, su funcionamiento depende de la presencia de humedad, de las características de las nubes y de otros factores meteorológicos que pueden influir en las precipitaciones.

Por esa razón, la siembra de nubes no garantiza que llueva en todas las áreas intervenidas ni permite controlar exactamente dónde caerá el agua.

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Desde la cabina, la tecnología permite observar las condiciones atmosféricas durante los vuelos de siembra de nubes. Honduras ha completado 18 de las 20 operaciones previstas para intentar estimular las lluvias y aliviar la sequía. Fotos: cortesía.

La sequía no ha terminado

La operación se desarrolla mientras Honduras enfrenta los efectos de una sequía prolongada que golpea especialmente a las comunidades del Corredor Seco.

En estas regiones, la escasez de precipitaciones representa una amenaza para la producción agrícola y la disponibilidad de agua.

Aunque las lluvias recientes proporcionaron alivio en algunos sectores, las condiciones de sequía no desaparecen por completo.

La Comisión Permanente de Contingencias (Copeco) y el Centro de Estudios Atmosféricos, Oceanográficos y Sísmicos (Cenaos) mantienen el seguimiento de las condiciones meteorológicas.

Las alertas pueden modificarse conforme evolucionen las lluvias y los riesgos asociados.

Dos vuelos pendientes y una evaluación decisiva

Cuando se completen las 20 operaciones, las autoridades deberán analizar los registros de precipitaciones, los niveles de los embalses y los caudales.

El propósito será determinar el alcance del programa y establecer si existen cambios que puedan asociarse con las intervenciones realizadas.

La evaluación también deberá considerar que las lluvias pueden responder a condiciones meteorológicas naturales, independientemente de la estimulación artificial.

Por ello, registrar precipitaciones después de un vuelo no constituye, por sí solo, una prueba de que hayan sido provocadas por la intervención.

El desafío será distinguir entre lo que ocurrió naturalmente y los posibles efectos de la siembra de nubes.

Honduras ya completó 18 operaciones para intentar llevar más agua a sus campos y cuencas. Faltan dos vuelos para cerrar esa etapa y comenzar a medir sus resultados.

El país está cerca de terminar su apuesta por arrancarle lluvia al cielo, ahora falta establecer cuánta de esa lluvia puede atribuirse realmente a la intervención humana.

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