Honduras estrena este domingo un nuevo Congreso Nacional y las 298 alcaldías municipales del país, en la antesala de una toma de posesión 2026 que marcará un quiebre con la tradición política reciente.

El próximo martes 27 de enero, cuando Nasry “Tito” Asfura asuma la Presidencia de la República, lo hará sin la presencia de presidentes ni jefes de Estado extranjeros, en una ceremonia definida por él mismo como “sencilla y austera”.

Este detalle sobresale, ya que desde el retorno a la democracia en el país en 1982, los antecesores de Asfura habían contado en el día de su investidura con la presencia de mandatarios de la región y jefes de Estados a nivel mundial. Así como invitados especiales.

Además, la toma de posesión en años anteriores se ha realizado en el Estadio Nacional de Tegucigalpa; y en esta ocasión, el presidente electo de los hondureños determinó realizar su investidura en Congreso Nacional.

Ese dato resume el tono con el que inicia el período 2026-2030: una transición institucional que avanza, pero sin gestos amplios de respaldo político ni señales claras de cierre tras un proceso electoral cuestionado.

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Así queda conformado el nuevo Congreso Nacional

En Tegucigalpa, el Congreso Nacional inicia su período de sesiones luego de la elección de su junta directiva provisional y de la directiva en propiedad, encabezada por el Partido Nacional, fuerza que ganó las elecciones generales del 30 de noviembre y que llevará a Asfura al Ejecutivo.

El Parlamento estará integrado por 128 diputados, distribuidos de la siguiente manera: 49 del Partido Nacional, 41 del Partido Liberal, 35 del Partido Libertad y Refundación (Libre), dos del PINU-SD y uno del Partido Demócrata Cristiano.

La bancada de Libre decidió no participar en la elección de la junta directiva legislativa, al sostener que en el proceso electoral hubo fraude.

Su ausencia marcó desde el inicio la distancia entre el oficialismo entrante y la principal fuerza opositora.

Congreso
La nueva estructura del poder en Honduras. Imagen creada con IA.

Las alcaldías asumen, pero la capital sigue en disputa

Este domingo también asumirán las 298 alcaldías municipales, aunque no todas lo harán con el proceso electoral completamente cerrado.

En Tegucigalpa, el alcalde saliente Jorge Aldana, del partido Libre, se niega a reconocer el triunfo de Juan Diego Zelaya, del Partido Nacional, declarado ganador por el Consejo Nacional Electoral.

Aldana asegura que más de 400 actas no han sido contabilizadas y sostiene que esos votos le darían la victoria.

Zelaya, por su parte, afirmó que ejercerá como alcalde electo incluso desde otra sede si el actual edil no abandona la Alcaldía.

El Tribunal de Justicia Electoral ratificó el resultado y la Corte Suprema de Justicia aún no se pronuncia sobre el último recurso presentado.

Protestas, resguardo militar y una fecha simbólica

El inicio del nuevo período legislativo y municipal coincide con la conmemoración del Día de la Mujer Hondureña.

Organizaciones defensoras de derechos humanos convocaron a manifestaciones en Tegucigalpa, algunas con la intención de acercarse al Congreso Nacional, cuyos alrededores estarán resguardados por un amplio despliegue de seguridad para garantizar el desarrollo de los actos oficiales.

El cierre del proceso y una investidura fuera de lo habitual

El proceso de transición concluirá formalmente el martes, cuando Nasry Asfura asuma como nuevo presidente de Honduras.

Asfura tuvo el respaldo explícito del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pero su toma de posesión no contará con la presencia de mandatarios extranjeros.

La presidenta saliente, Xiomara Castro, reiteró en diciembre que respetaría la declaratoria oficial del CNE, aunque mantiene su postura de que hubo fraude electoral.

A diferencia de lo ocurrido en 2022, cuando Asfura acudió a felicitarla tras su triunfo, esta vez no habrá gestos de reconocimiento entre quien entrega y quien recibe el poder.

Honduras inaugura así un nuevo período político con autoridades ya en funciones en el Congreso y las alcaldías, pero con una transición sin invitados.

Además, una investidura presidencial que, por su carácter inédito, refleja más el peso de la coyuntura que el cierre de una etapa.

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