El cielo centroamericano fue escenario de un capítulo que parecía pertenecer a la Segunda Guerra Mundial. Honduras y El Salvador llevaron al combate cazas de hélice que para entonces ya pertenecían a otra generación de la aviación.
Ocurrió en julio de 1969, mientras el mundo militar avanzó hacia los aviones de reacción, Corsair y Mustang volvieron a perseguirse, maniobrar y dispararse en pleno vuelo.
Aquellos enfrentamientos son descritos por la historia de la aviación como los últimos combates aéreos conocidos entre cazas impulsados por motores de pistón y hélice.
Y Honduras estuvo en el centro de ese episodio.
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Honduras y el conflicto que llevó los viejos cazas nuevamente a la guerra
La guerra entre Honduras y El Salvador comenzó el 14 de julio de 1969 y se extendió hasta el cese del fuego del 18 de julio.
Aunque suele ser llamada "Guerra del Fútbol", los partidos clasificatorios al Mundial de 1970 fueron apenas un detonante dentro de tensiones mucho más profundas relacionadas con migración, tierra y las relaciones entre ambos países.
Las dos fuerzas aéreas recurrieron a aeronaves estadounidenses concebidas décadas antes.
Entre ellas estaban los Vought F4U Corsair, los Goodyear FG-1D Corsair y los Cavalier F-51D Mustang, descendientes de máquinas que marcaron una época de la aviación de combate.
La Fuerza Aérea Hondureña utilizó principalmente sus Corsair. El 15 de julio atacó objetivos como el aeropuerto de Ilopango y las instalaciones petroleras salvadoreñas de Acajutla y Cutuco.
Pero el episodio que terminaría entrando en los registros de la aviación ocurrió dos días después.

El 17 de julio que quedó registrado en la historia
El protagonista hondureño fue el capitán Fernando Soto Henríquez, ese 17 de julio de 1969 voló un F4U Corsair identificado como FAH-609.
La historia oficial de la Fuerza Aérea Hondureña sostiene que Soto derribó ese día tres aeronaves salvadoreñas en diferentes misiones: un Cavalier F-51 Mustang y dos Goodyear FG-1D Corsair.
La primera acción ocurrió durante la mañana y horas después volvería al cielo.
Según el registro de la organización estadounidense Gathering of Eagles, durante su cuarta misión de aquel día Soto se enfrentó a dos Corsair salvadoreños en un combate que descendió desde unos 13,000 pies hasta muy cerca del terreno.
Los registros hondureños le atribuyen el derribo de ambos y era, literalmente, Corsair contra Corsair.
La afirmación hondureña tiene una salvedad
Hay un detalle que resulta importante al reconstruir la historia más de medio siglo después.
La Fuerza Aérea Hondureña mantiene oficialmente que Fernando Soto consiguió los tres derribos del 17 de julio.
El registro elaborado por MiGFlug señala, sin embargo, que esa atribución procede de fuentes hondureñas y no se confirmó independientemente en todos sus detalles.
Los registros salvadoreños citados por esa investigación contabilizan tres aeronaves destruidas durante todo el conflicto, aunque no establecen allí un desglose que permita atribuir individualmente cada pérdida.
Lo que sí trasciende la versión de un solo país es el carácter excepcional de aquellos enfrentamientos.
La revista Air & Space Magazine, del Smithsonian, sitúa en Centroamérica los últimos duelos entre aviones de combate con motores de pistón y hélice, protagonizados en 1969 por Corsair y Mustang.

Un piloto hondureño quedó ligado al último capítulo
Para la Fuerza Aérea Hondureña, Soto se convirtió en el último piloto de combate aire-aire en aviones de pistón.
Décadas después, el Estado hondureño convirtió aquel episodio en reconocimiento oficial.
El 3 de octubre de 2003, el Congreso Nacional le otorgó mediante el Decreto 139-2003 el título de Héroe Nacional.
Para entonces acumuló más de 24,000 horas de vuelo y piloteó alrededor de 25 tipos de aeronaves durante su carrera.
Soto murió en junio de 2006, pero sobrevivió una pieza material de aquella historia: el FAH-609, el Corsair asociado a sus combates de 1969.
El día en que una época terminó sobre Centroamérica
La paradoja es que aquel episodio ocurrió cuando el futuro de la aviación militar ya estaba en otra parte.
Los cazas a reacción transformaron el combate aéreo. Las velocidades aumentaron, aparecían nuevas generaciones de radares y misiles, y las grandes potencias dejaron atrás a los cazas de pistón como primera línea de defensa.
Pero sobre Honduras y El Salvador, durante cuatro días de julio de 1969, las hélices regresaron a la guerra.
Corsair persiguieron a Corsair. Mustang volvieron al combate. Pilotos maniobraron máquinas concebidas en otra época mientras debajo de ellos avanzó un conflicto que dejaría profundas heridas entre dos países vecinos.
Después vendrían otras guerras, otros cazas y tecnologías capaces de combatir a velocidades impensables para aquellos pilotos.
Pero aquel tipo de duelo no volvería a repetirse y por eso, cuando se reconstruyen los últimos capítulos de la era de los grandes cazas de hélice, la mirada no termina sobre Europa ni sobre el Pacífico.
Termina sobre Centroamérica, en julio de 1969, con Honduras dentro de una de las últimas páginas de aquella era de la aviación.
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