En Honduras hay una emergencia contra la niñez que no siempre deja una escena visible. Ocurre dentro de casas, círculos familiares y espacios de confianza: cada día, 26 niñas, niños y adolescentes serían víctimas de abusos sexuales.

La cifra no corresponde a 26 denuncias presentadas diariamente ante las autoridades. Se trata de una estimación basada en datos de la Encuesta de Violencia contra Niños, Niñas y Adolescentes (EVCNNA), citados por la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ).

Por ello impulsan la discusión de la Ley de Prevención, Detección Temprana y Atención Integral del Abuso Sexual Infantil, conocida como Ley CASI.

La EVCNNA sitúa la prevalencia de este tipo de violencia en 16.2 % entre las niñas y 9.9 % entre los niños, datos utilizados por las organizaciones para dimensionar un problema que puede permanecer oculto durante años.

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Abusos sexuales: 13,761 denuncias en cinco años

Entre 2021 y 2025 se contabilizaron 13,761 denuncias por delitos sexuales contra menores de edad, según datos divulgados por las organizaciones que integran el Comité Interorganizacional contra el Abuso Sexual Infantil.

Esa cantidad equivale a una denuncia aproximadamente cada cuatro horas con 52 minutos.

Detrás de esa distancia aparece uno de los mayores obstáculos para detectar estos delitos: el 75 % de los casos ocurrió dentro del entorno familiar o de confianza de la víctima.

El peligro, entonces, no necesariamente llega de un desconocido, puede estar en el espacio donde un niño debería sentirse protegido y tener acceso cotidiano a la víctima, una condición que dificulta que el abuso sea descubierto y que se denuncie oportunamente.

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Cuando romper el silencio no termina el problema

Llegar hasta una denuncia tampoco significa necesariamente que el recorrido de la víctima terminó.

El Comité Interorganizacional contra el Abuso Sexual Infantil advierte sobre las dificultades que enfrentan los menores dentro del sistema y la necesidad de reducir la revictimización durante las investigaciones.

Uno de los puntos señalados por las organizaciones es particularmente sensible: un niño identificado por las autoridades puede ser entrevistado más de ocho veces durante el proceso.

Repetir el relato significa obligarlo a regresar una y otra vez sobre el episodio que originó la investigación.

Por eso, parte de la discusión se concentra en fortalecer las Cámaras Gesell, espacios diseñados para obtener el testimonio de menores en condiciones que reduzcan su exposición y protejan su integridad emocional.

El Ministerio Público informó en abril que existe una propuesta para destinar 26.06 millones de lempiras a reparar y poner en funcionamiento 17 Cámaras Gesell existentes y construir otras 14 en departamentos donde actualmente no se dispone de este recurso.

abuso infantil

La otra violencia que golpea a la niñez

La alerta aparece mientras Honduras enfrenta otras formas de violencia contra menores.

Organizaciones defensoras de la niñez advierten también sobre las muertes violentas de niños y adolescentes, con una frecuencia estimada de una víctima cada 43 horas.

Pero las agresiones sexuales revelan una emergencia distinta: una que puede desarrollarse lejos de las calles y permanecer escondida incluso dentro del círculo más cercano de la víctima.

Cándida Sauceda, directora de Casa Alianza, y Noé Banegas, director de Árboles de Justicia, advirtieron que el desafío no se limita a disponer de legislación, sino a conseguir que la respuesta institucional llegue oportunamente.

En ese escenario se impulsa la Ley CASI, una iniciativa orientada a la prevención, detección temprana y atención integral de los abusos sexuales en menores.

Las cifras permiten entender la urgencia detrás de esa discusión: 26 posibles víctimas cada día frente a 13,761 denuncias acumuladas en cinco años.

Porque una parte del abuso sexual consigue llegar a un expediente y activar al sistema de justicia.

Otra puede permanecer detrás de una puerta, dentro del círculo de confianza y sin que nadie llegue a denunciarla.

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