El pescado comienza a ganar espacio en un lugar poco habitual en Honduras: el menú escolar. La apuesta no consiste únicamente en cambiar lo que llega al plato de los estudiantes, sino en conectar esa comida con quienes producen y pescan en las comunidades.
Esa experiencia hondureña ya despertó interés fuera del país. Delegaciones de El Salvador, Chile, Bolivia, Belice y Santa Lucía llegaron hasta Santa Rita, Santa Bárbara, para conocer cómo funciona la incorporación de pescado en la alimentación escolar y qué se necesita para llevarlo desde su recepción hasta la mesa de los niños.
Honduras puso así sobre la mesa una idea que busca resolver dos necesidades con una misma ración.
Primero, mejorar la calidad nutricional de la alimentación escolar y segundo, generar oportunidades de comercialización para productores y pescadores artesanales.
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Pescado en el menú escolar de Honduras
La incorporación del pescado al menú escolar forma parte de las acciones del Programa Nacional de Alimentación Escolar (PANAE) para diversificar los alimentos que reciben los estudiantes.
No se trata simplemente de agregar otro producto a la ración. El pescado aporta proteína de alta calidad, omega-3, vitaminas y minerales, por lo que su inclusión busca ampliar las fuentes de nutrientes disponibles para los escolares.
Pero detrás del plato aparece una segunda pieza del modelo, si las escuelas demandan pescado de manera constante, pequeños productores y pescadores artesanales pueden encontrar un mercado para colocar parte de su producción.
La alimentación escolar comienza entonces a funcionar también como un vínculo entre el aula y la economía de las comunidades.
Ese componente es precisamente uno de los elementos que Honduras presentó a las delegaciones extranjeras.
De producir pescado a colocarlo en las escuelas
Llevar pescado hasta un centro educativo implica resolver una cadena que va mucho más allá de cocinarlo.
Durante el recorrido realizado en Santa Rita, las delegaciones conocieron los procedimientos operativos y logísticos utilizados para la recepción, preparación, distribución y consumo del pescado dentro de las raciones escolares.
El objetivo es mostrar cómo puede incorporarse un producto pesquero a un programa que debe abastecer alimentos de forma organizada y bajo procedimientos establecidos.
La experiencia también plantea la posibilidad de generar una demanda más previsible.
Para un pequeño productor o pescador artesanal, contar con compradores estables puede significar mayores posibilidades de comercialización.
De esa manera, una porción servida en una escuela puede tener impacto en dos extremos de la cadena: en el estudiante que recibe el alimento y en la familia que vive de producirlo.

Cinco países fueron a conocer la experiencia hondureña
Representantes de El Salvador, Chile, Bolivia, Belice y Santa Lucía recorrieron centros educativos para observar directamente cómo Honduras maneja el modelo.
La visita formó parte del cierre del Encuentro Latinoamericano y del Caribe de la Red de Alimentación Escolar Sostenible (RAES), que reunió en Honduras a delegaciones de 17 países para intercambiar experiencias sobre programas de alimentación escolar.
La actividad en Santa Bárbara permitió pasar de las exposiciones a observar el funcionamiento en terreno: cómo se recibe el producto, cómo se prepara y finalmente cómo llega a los estudiantes.
Un plato que alcanza mucho más allá de la escuela
La dimensión del mercado potencial explica por qué estos modelos despiertan interés regional.
Según la información presentada durante el encuentro, los programas de alimentación escolar alcanzan a más de 80 millones de estudiantes en Latinoamérica y el Caribe.
Por eso, la discusión ya no pasa únicamente por entregar una ración. También apunta a decidir qué alimentos llegan al plato, de dónde provienen y quiénes pueden beneficiarse de producirlos.
Honduras intenta colocar su experiencia dentro de esa discusión regional, y el pescado es apenas el alimento visible de una apuesta más amplia.
Se busca utilizar la alimentación escolar para mejorar la nutrición mientras se acerca un enorme mercado institucional a pequeños productores.
Lo que comenzó en el plato de escolares hondureños ahora se muestra a otros países como una receta que podría cruzar fronteras.
Hoy Honduras busca alimentar desde la escuela sin dejar fuera a quienes producen desde las comunidades.
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