En Honduras, ser niño o niña no garantiza estar a salvo. En lo que va del año, a 49 menores de entre 0 y 17 años los asesinaron, según revela el más reciente monitoreo de la Coordinadora de Instituciones Privadas por las Niñas, Niños, Adolescentes, Jóvenes y sus Derechos (Coiproden).
Son vidas truncadas por un país que no logra garantizar lo más básico: el derecho a vivir.
Junto a estos 49 menores, el informe incluye a otros 186 jóvenes de entre 18 y 30 años, también víctimas de muertes violentas, elevando el total a 236 personas menores de 30 años asesinadas en apenas cinco meses.
La mayoría son varones, pero entre ellos también hay niñas y adolescentes, muchas veces invisibilizadas incluso en la tragedia.
“No lo dejaron ser niño”
En los barrios marginales, los nombres de los niños asesinados apenas se murmuran. Sus fotos no circulan en redes sociales, sus historias no llegan a los noticieros.
Solo quedan los gritos ahogados de madres que los recuerdan con sus uniformes escolares o con la pelota bajo el brazo.
“Mi hijo tenía 13 años, amó los videojuegos, soñó con ser ingeniero. Un día salió a la tienda y no volvió. Lo mataron a dos cuadras de la casa”, cuenta una madre de la colonia Los Pinos, en Tegucigalpa, que pidió anonimato por miedo.
Casos como este se repiten en las ciudades, pueblos y comunidades rurales. La educación es precaria, la policía ausente o temida, y las oportunidades nulas.
La niñez queda atrapada entre pandillas, drogas, armas y un silencio impuesto por el miedo.

Los datos
El informe de Coiproden, basado en monitoreos diarios de prensa y redes sociales, revela que:
- 49 víctimas tenían entre 0 y 17 años.
- 186 víctimas eran jóvenes entre 18 y 30 años.
- La mayoría de las víctimas eran varones, pero hay niñas entre las víctimas.
- Los homicidios se concentraron en zonas urbanas vulnerables Cortes y Francisco Morazán, donde el acceso a servicios básicos y oportunidades es casi inexistente.
El director de Coiproden, Wilmer Vásquez, es claro en sus declaraciones: “Estos crímenes no pueden seguir siendo cifras frías. Cada uno representa una vida, un proyecto truncado y una familia destruida”.
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Una deuda
Honduras firmó hace décadas la Convención sobre los Derechos del Niño, pero las cifras desnudan una profunda contradicción.
Los niños mueren asesinados mientras los mecanismos de protección se debilitan, los presupuestos se recortan y las instituciones miran hacia otro lado.
“No se puede hablar de un país con futuro si su infancia muere antes de crecer”, señaló una defensora de derechos humanos de la zona norte, tras conocer el informe.
El dolor de una madre que entierra a su hijo es inenarrable. Pero peor aún es el silencio social que convierte el crimen en rutina.
Los 49 niños asesinados entre enero y mayo de 2025 no deben ser olvidados. Son una advertencia de que la violencia no distingue edades, y de que, mientras no haya justicia y prevención, seguirá robándole el futuro a Honduras.
Cada niño asesinado es una derrota colectiva. Una que aún puede evitarse si el país decide mirar, actuar y proteger, de una vez por todas, a su niñez.
