Honduras ya recorrió la mitad del camino de una apuesta poco habitual para enfrentar la falta de agua: buscar en las nubes la lluvia que la sequía le negó a buena parte del territorio.
El Programa de Siembra de Nubes completó 10 de los 20 vuelos previstos para estimular las precipitaciones, principalmente en áreas golpeadas por el déficit de lluvias.
En esas operaciones se dispersaron aproximadamente 1,000 litros de yoduro de plata.
Ese es el compuesto que usan para favorecer la precipitación cuando las nubes presentan las condiciones necesarias.
Pero llegar a la mitad del programa abre ahora una pregunta más importante que el número de vuelos: ¿está cayendo más agua gracias a la intervención?
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Siembra de nubes y diez vuelos sobre las zonas con sed
Las operaciones alcanzaron sectores de Francisco Morazán, Comayagua, Choluteca, Valle, La Paz, Intibucá, Lempira y Yoro.
Entre las áreas intervenidas aparecen Valle de Ángeles, Villa de San Francisco y Talanga, además de La Libertad y Comayagua.
También se incluyen sectores próximos a la represa El Cajón y localidades del sur como Nacaome, San Lorenzo y San Marcos de Colón.
La cobertura proyectada ronda entre 1.8 y 2.3 millones de hectáreas, con especial atención al Corredor Seco.
Pero hay otras áreas donde la escasez de precipitaciones golpea la agricultura, la ganadería y las reservas de agua.
La Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG) dijo el 3 de octubre que, después de ocho vuelos, se utilizaron unos 800 litros de yoduro de plata.
Tres días después, el programa alcanzó las 10 operaciones y aproximadamente 1,000 litros dispersados.
La siembra no fabrica lluvia
Pese a su nombre, la siembra de nubes no permite colocar una aeronave en el cielo y producir lluvia donde no existe nubosidad.
El procedimiento depende precisamente de que haya nubes con características adecuadas.
Los especialistas monitorean factores como humedad, temperatura y nubosidad antes de decidir cuándo y dónde puede realizarse cada vuelo.
El yoduro de plata se introduce en esas formaciones para favorecer procesos físicos que faciliten la formación de gotas y, bajo condiciones apropiadas, incrementar la precipitación.
Por eso los 10 vuelos restantes no tienen un calendario rígido, su ejecución dependerá del comportamiento atmosférico y de encontrar nubes aptas para ser estimuladas.
Llovió, pero falta demostrar cuánto aportó el experimento
Las precipitaciones registradas después de algunos vuelos ofrecen señales que ahora deberán pasar por una prueba más difícil: separar lo que habría llovido naturalmente de cualquier incremento producido por la siembra de nubes.
Francisco Argeñal, jefe del Centro Nacional de Estudios Atmosféricos, Oceanográficos y Sísmicos (Cenaos), explicó que en algunos puntos las intervenciones coincidieron con lluvias y en otros las cantidades fueron menores.
Cenaos analiza registros de pluviómetros e imágenes satelitales y compara las zonas intervenidas con lugares donde no se realizó estimulación.
La intención es establecer si existe una diferencia significativa en los acumulados de lluvia y cuánto podría atribuirse al procedimiento.
Eso significa que la presencia de lluvia después del paso de la aeronave no basta por sí sola para demostrar la efectividad del programa.
Productores vuelven a mirar caer agua
En el terreno, entretanto, las lluvias tienen un significado menos técnico, los productores de San Antonio de Flores, Choluteca, reportaron precipitaciones después de unos 10 meses de sequía.
La institución vinculó el programa con la necesidad de recuperar fuentes de agua y reducir los efectos que el déficit de precipitaciones está dejando sobre cultivos y ganado.
Sin embargo, determinar científicamente cuánto aportó la intervención requerirá más observaciones y comparaciones.

Un proyecto que todavía tiene media ruta pendiente
El programa contempla 20 operaciones, por lo que Honduras acaba de alcanzar exactamente la mitad de los vuelos inicialmente establecidos.
La iniciativa involucra a la SAG y al sector privado. Autoridades explicaron que sectores azucareros y hortícolas realizaron aportes equivalentes a entre 13 % y 20 % de la inversión.
Cuando el proyecto se presentó en septiembre, la SAG informó que se contempló una inversión aproximada de 600,000 dólares para ejecutar las operaciones.
Ahora el experimento entra en una fase decisiva y quedan otras 10 oportunidades de buscar nubes adecuadas, introducir yoduro de plata y medir lo que ocurra después.
Porque Honduras puede intentar exprimir más agua de las nubes, pero será el análisis de las lluvias registradas el que determine cuánto consiguió realmente.
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