La historia comenzó hace más de dos décadas, en la Nochebuena de 2003, con dos lanchas, 38 fardos de cocaína y dos colombianos que terminaron en manos de las autoridades hondureñas.
Honduras los tenía y los capturó, los llevó ante la justicia, consiguió una condena y los mantuvo bajo su jurisdicción por un cargamento de 1,026 kilos de cocaína.
Pero el expediente tomó después un giro difícil de anticipar: obtuvieron el beneficio de preliberación, dejaron de presentarse ante los juzgados y terminaron fuera del país pese a que tenían prohibido abandonar Honduras.
Años después, el Estado que ya los había capturado una vez tuvo que recurrir a Colombia para conseguir que se los devolvieran.
Los protagonistas de aquella historia fueron Javier Martínez Jaraba y Guillermo Polo Silva.
De interés: Colombianos, venezolanos y mexicanos: qué hay detrás de 56 capturas
Nochebuena de 2003: dos colombianos, dos lanchas y una tonelada de cocaína
Era 24 de diciembre de 2003 cuando a Martínez Jaraba y Polo Silva los capturaron a bordo de dos lanchas.
No iban solos con el mar, dentro de las embarcaciones, las autoridades encontraron 38 fardos de cocaína que, según los registros del caso, sumaron 1,026 kilos, más de una tonelada de droga.
A los colombianos los procesaron por el delito de facilitación internacional de los medios de transporte para el tráfico ilícito de drogas en perjuicio de la salud pública de Honduras.
El caso avanzó durante los siguientes años hasta que llegó la condena: el 21 de abril de 2006, Martínez Jaraba y Polo Silva fueron sentenciados a cinco años y cuatro meses de prisión.
Parecía que el expediente ya tenía trazado su final: cumplir la pena y recuperar la libertad, pero no ocurrió así.

La preliberación que cambió el rumbo del caso
Meses después de la sentencia ocurrió el giro que terminaría llevando el expediente fuera de Honduras.
El 11 de octubre de 2006, los colombianos recibieron el beneficio de libertad condicional o preliberación.
Eso les permitió salir de prisión bajo condiciones y una de ellas era presentarse periódicamente a firmar el libro de asistencia ante los juzgados.
La otra era todavía más importante para entender lo que vendría después: tenían prohibido salir de Honduras.
Durante un tiempo continuaron presentándose a los juzgados, pero después dejaron de hacerlo.
Los reportes oficiales de la época señalaron que Martínez Jaraba y Polo Silva, junto con Carlos Urrutia y Luis Miguel Meñeca, estos dos últimos reportados entonces como prófugos, se fugaron en enero de 2011 del centro penal de El Porvenir, Atlántida.
Sin embargo, la palabra “fuga” terminó siendo precisamente uno de los puntos de discusión del caso.
¿Fuga del penal o salida del país?
La defensa rechazó la versión de que los colombianos hubieran escapado físicamente de una cárcel.
Carlos Cálix, apoderado legal de los dos hombres, sostuvo que para ese momento sus representados ya gozaban de preliberación y tenían la obligación de acudir periódicamente a los juzgados.
Según su versión, lo que hicieron fue dejar de presentarse y marcharse del país. “No es correcto lo que dicen que se fugaron de una cárcel”, sostuvo el abogado.
La precisión cambia la escena, pero no elimina el problema que enfrentaron ante la justicia hondureña.
Porque podían estar fuera de una celda, pero no tenían autorización para salir de Honduras y terminaron en Colombia.
Les faltaban ocho meses, pero decidieron irse
La explicación de Martínez Jaraba añadió otro elemento a aquella historia, el colombiano aseguró que cumplió aproximadamente dos años y medio en prisión y posteriormente pasó un periodo presentándose ante los juzgados.
Según relató, cuando decidió abandonar Honduras estaba cerca de terminar sus obligaciones judiciales. Afirmó que apenas le faltaban ocho meses para recibir su carta de libertad.
Pero no esperó y el colombiano dijo que su decisión fue por las dificultades que enfrentaba para sobrevivir en Honduras mientras permanecía sujeto a las condiciones de la preliberación.
“Estaba pasando mucha necesidad, sin trabajo y sin nada, por eso cometí el error de irme a mi casa”, explicó.
Su casa estaba en Colombia y hacia allá se marchó, el problema era que Honduras todavía no había terminado con él.

Honduras tuvo que pedir que se los devolvieran
Cuando dejaron de presentarse ante los juzgados y las autoridades establecieron que estaban fuera del país, comenzó otro capítulo.
La Policía Nacional solicitó, por medio de la Secretaría de Relaciones Exteriores, gestionar la extradición de Javier Martínez Jaraba y Guillermo Polo Silva desde Colombia.
Era una situación peculiar, no se trató de sospechosos que Honduras nunca hubiera conseguido atrapar, ya habían estado en sus manos.
La solicitud de extradición marcó además la primera ocasión en que Honduras pidió a extranjeros por delitos vinculados al crimen organizado cometidos en territorio nacional.
El expediente que comenzó sobre dos lanchas cruzó fronteras por segunda vez.
Honduras los tuvo que capturar dos veces
Más de una década después del inicio del caso, lo extraordinario no era solamente la cantidad de cocaína, fue la vuelta completa que dejó la historia.
Honduras los capturó, los condenó y los dejó salir bajo vigilancia judicial. Después los perdió de vista y tuvo que buscarlos fuera de sus fronteras.
Cuando Javier Martínez Jaraba y Guillermo Polo Silva, regresaron custodiados desde Colombia, no necesitaron demasiadas palabras para explicar por qué estaban otra vez frente a la justicia hondureña.
“Cometí un error y voy a pagar por él” dijo Martínez Jaraba. El error, según él, fue marcharse cuando apenas le faltaban ocho meses.
El costo para ellos fue regresar desde Colombia escoltados por los mismos policías del país que años antes los tuvo en sus manos.
Lea también: 'Barrabás': el heredero de Los Comba que montó su imperio en Honduras
