Un informe del Departamento de Estado de Estados Unidos, publicado en 2025, revela que en Honduras la prevención y el tratamiento de adicciones a las drogas, siguen siendo débiles.

Lo que existe son programas aislados, insuficientes y sostenidos más por la cooperación internacional que por una política pública seria, lo que deja un vacío que expone a miles de hondureños al consumo de drogas sin respuestas efectivas.

Por ello, el consumo de drogas dejó de ser un problema lejano para convertirse en una herida social abierta.

Marihuana, clorhidrato de cocaína y crack circulan en barrios y comunidades donde jóvenes, mujeres y hombres buscan refugio en la adicción, sin encontrar un Estado preparado para dar respuestas.

Prevención de drogas sin rumbo en Honduras

El gobierno hondureño logra avances dice el informe, a través de programas como el Educación y Entrenamiento para la Resistencia a las Pandillas (GREAT), financiado por Estados Unidos.

Bajo esta iniciativa, ligas de fútbol femeninas se convirtieron en espacios de liderazgo y confianza, con oficiales de la Policía Nacional como mentores.

También, el programa del Instituto Hondureño para La Prevención Del Alcoholismo, Drogadicción y Farmacodependencia (IHADFA), para la reducción del consumo de drogas, hace lo que está a su alcance.

Pero mientras estos esfuerzos llegan a unas pocas comunidades, miles de jóvenes en zonas rurales y urbanas quedan expuestos al mercado de drogas.

Todo esto, sin campañas sostenidas de información, sin alianzas fuertes con el sector privado y sin estrategias que se adapten a las realidades de quienes más lo necesitan.

CICAD: un diagnóstico de la ausencia

El informe de la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD) de 2019 fue claro: Honduras no genera datos certeros sobre consumo, prevalencia ni estrategias de atención en adicciones.

El documento señaló que el presupuesto para prevención se redujo con los años, lo que dejó programas inactivos o con un alcance mínimo.

La realidad es cruda: el país no cuenta con un sistema nacional de tratamiento. Solo existen dos centros estatales en Tegucigalpa, un hospital público y un hospital psiquiátrico capaces de recibir a pacientes con drogodependencia.

Pero señala que no hay registros sobre cuántos atienden ni de qué sustancias son dependientes.

Es como pedirle a un médico que cure una enfermedad sin decirle cuál es ni a quién debe tratar.

Tratamiento de personas con adicciones: el gran vacío

La mayoría de los servicios para atender adicciones proviene de centros comunitarios o iniciativas privadas como el albergue OASIS, que trabajan sin apoyo suficiente y con escasos recursos.

En las cárceles, el consumo de drogas es una realidad latente, pero los programas de rehabilitación son casi nulos.

En lugar de atender a la población penitenciaria con adicciones, el sistema perpetúa un ciclo de violencia, enfermedad y reincidencia.

OMS: mortalidad por drogas en Honduras

Los números muestran la magnitud del abandono. Según la OMS, en 2020 las muertes por consumo de drogas en Honduras llegaron a 129 personas, representando el 0,26% del total de fallecimientos y una tasa de 1,88 por cada 100.000 habitantes.

El país ocupó en ese año, el lugar 52 a nivel mundial en mortalidad por drogas. La ausencia de estudios oficiales recientes deja el panorama aún más incierto.

Sin embargo, investigaciones de organizaciones no gubernamentales generan alertas. Tras la pandemia de covid-19, Global Communities y la Asociación Kukulcán realizaron un estudio que vinculó consumo de drogas con VIH e infecciones de transmisión sexual.

Los hallazgos fueron: el 43,81% de los consumidores de drogas en Honduras tienen entre 18 y 28 años. La juventud es hoy el rostro más golpeado por esta crisis.

A la espera de acciones por parte del Estado de Honduras

Mientras los informes internacionales señalan vacíos, el Estado debe asumir un papel protagónico.

La falta de datos, presupuesto reducido y la inexistencia de un sistema nacional de atención convierten la lucha contra las drogas en una batalla fallida.

Cada joven atrapado en la adicción, cada familia que busca ayuda sin encontrar respuesta y cada vida perdida revelan la urgencia de cambiar el rumbo.

Honduras no puede enfrentar la crisis con los ojos vendados: necesita información, inversión y voluntad política.

Solo de esta manera el país podrá romper con el abandono y abrir caminos de prevención y tratamiento reales.