Los días en los puntos fronterizos de Honduras ya no son los mismos. Donde antes había un flujo migratorio intenso, extranjeros esperando asistencia, ahora hay espacios vacíos y negocios cerrados.

Desde el 1 de enero hasta el 13 de marzo de 2025, el Instituto Nacional de Migración reporta apenas 9,220 ingresos de extranjeros, un desplome del 91.41% en comparación con los 107,275 del mismo período en 2024.

La drástica caída no es casualidad. El endurecimiento de las políticas migratorias por parte del presidente Donald Trump y nuevos acuerdos internacionales sellan las rutas de tránsito hacia Estados Unidos.

Con esto, dejan a miles sin opciones y afectan la economía de quienes solían beneficiarse del flujo migrante.

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Los números que revelan el cambio

Los datos oficiales muestran una disminución sin precedentes. La mayoría de los migrantes que lograron ingresar a Honduras en 2025 son cubanos (3,609), seguidos de haitianos (1,667) y venezolanos (1,282).

También destacan los registros de indios (309), iraníes (225), vietnamitas (184) y nepalíes (172), además de colombianos (149), chinos (147) y ecuatorianos (128).

En términos de género y edad, los hombres predominan (4,312), seguidos de mujeres (2,954), mientras que los niños (1,063) y niñas (891) representan un sector especialmente vulnerable de este flujo migratorio.

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Datos del Instituto Nacional de Migración en Honduras.

El eco de la crisis en las calles hondureñas

Las cifras no solo reflejan un cambio en las rutas migratorias, sino también en la vida de quienes dependían de este fenómeno.

Rosa Galván, una vendedora de comida en Danlí, El Paraíso, resiente el impacto. “Ya no vienen como antes. En 2023 y 2024 tenía filas de gente comprándome, ahora hay días en los que no vendo nada. Es preocupante”, dice mientras acomoda sus productos en un puesto casi vacío.

La disminución de migrantes no solo afecta a los pequeños comerciantes. Albergues y organizaciones de asistencia redujeron su operación.

Además, muchos migrantes que logran llegar deben enfrentar un escenario hostil con menos recursos y opciones de movilidad.

Un futuro incierto para la migración

El descenso en el flujo migratorio por Honduras es un reflejo de una nueva realidad. Mientras las fronteras se endurecen y los riesgos aumentan, miles de personas buscan una salida a la crisis en sus países.

El silencio en los puntos fronterizos y la ausencia de los campamentos improvisados son testigos de un fenómeno que cambia el rostro de Centroamérica.

Pero, ¿será este el final de la ruta o solo una pausa antes de que la desesperación obligue a buscar nuevos caminos?

El 2025 se perfila como un año decisivo para la migración en la región, con una sola certeza: el sueño americano se volvió aún más inalcanzable.