Margarita Melgar, una hondureña que vivió durante 12 años en Boston, Estados Unidos, regresó a Honduras junto a su hija menor, Katherin, de 10 años, luego de que autoridades migratorias le dieran dos opciones: quedar detenida por tiempo indefinido o salir voluntariamente del país.
La salida ocurrió en el aeropuerto Logan, en Boston, donde Margarita se despidió de sus hijas mayores, Damary, de 20 años, y Tania, de 17, quienes permanecerán en territorio estadounidense mientras continúan sus propios procesos migratorios.
Katherin, ciudadana estadounidense, viajó por primera vez a Honduras, un país que no conoce y al que llega junto a su madre en medio de preocupación por su seguridad, educación y salud.
Según el relato de la familia, agentes de inmigración comunicaron a Margarita la decisión dos días antes del viaje.

La hondureña explicó que no quería separarse de sus hijas, pero eligió salir con Katherin para evitar una detención que, según le indicaron, podía extenderse por un periodo indefinido.
Llegada de Margarita a Estados Unidos
Margarita llegó a Estados Unidos en 2014 junto a sus dos hijas mayores, luego de huir de Honduras por violencia de género y amenazas.
Desde entonces intentó regularizar su situación migratoria y acudió a controles periódicos con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos.
Su abogada, Sara Nael, sostiene que Margarita todavía mantiene pendiente una solicitud para reabrir su caso ante la Junta de Apelaciones de Inmigración. También presentó una petición para suspender la deportación, pero el juez Hugh Mullane rechazó esa solicitud.
Organizaciones de apoyo a migrantes criticaron la decisión y advirtieron que Margarita vuelve a un entorno de riesgo. Patricia Montes, de Centro Presente, afirmó que Honduras representa un país peligroso para mujeres y niñas, especialmente para quienes han enfrentado violencia.
La congresista estadounidense Ayanna Pressley, quien acompañó el caso durante más de un año, calificó la situación como devastadora para la familia. También cuestionó el impacto de las políticas migratorias en niñas, niños y hogares separados por decisiones administrativas.
El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos señaló que Margarita optó por la salida voluntaria. La institución también indicó que los padres pueden decidir si viajan con sus hijos o si designan a una persona de confianza para cuidarlos en Estados Unidos.
Un golpe economico para la familia
Para Damary Melgar, la separación marca un golpe emocional y económico. La joven estudia en Simmons College y trabaja a tiempo completo como camarera.
Ahora deberá buscar un nuevo lugar donde vivir, continuar sus estudios y apoyar económicamente a su madre y a su hermana desde Boston.
Damary expresó que su familia cumplió con las citas migratorias y con los requisitos que las autoridades les indicaron durante años. Sin embargo, considera que el proceso no tomó en cuenta el arraigo de su madre ni el impacto que la separación causa en sus hijas.
Antes del viaje, Margarita renunció a sus empleos, retiró documentos escolares de Katherin y preparó las maletas en su apartamento de Brighton. La familia también organizó sus pertenencias y dejó atrás recuerdos acumulados durante más de una década en Estados Unidos.

Katherin empacó ropa, materiales de arte y algunos juguetes. También dejó a su gata Midnight bajo el cuidado de Damary, porque, según contó, no quería que su hermana quedara sola.
Margarita aseguró que regresa preocupada por el lugar donde vivirá, por la educación de Katherin y por el acceso a medicinas. La comunidad a la que viajará queda lejos de la capital hondureña y a varias horas de un hospital, según explicó.
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