Lo que inició como un procedimiento de rutina de ICE en Catonsville, Maryland, el 6 de junio de 2025, se transformó en un forcejeo cargado de tensión. Los agentes vigilaban a Adolfo Nimrod Hernández-Ramos, hondureño de 42 años que residía de manera irregular en Estados Unidos, cuando lo sorprendieron en las inmediaciones de un centro comercial.
En lugar de entregarse, Hernández Ramos optó por huir y, cuando lo alcanzaron, desató una escena de violencia que, aseguran, puso en riesgo a los oficiales.
El hondureño y las amenazas
De acuerdo con la acusación de la Fiscalía Federal de Maryland, el hondureño pateó, agitó los brazos y se aferró a una mesa para evitar la detención.
En el mismo operativo también acusaron a un ciudadano brasileño, pero la atención se centró en el hondureño, quien en medio del forcejeo tomó unas esposas abiertas y lanzó una amenaza que heló a los agentes.
“Les sacaré un ojo”, señalan que dijo el hondureño.
Aunque los oficiales lograron someterlo, varios resultaron lesionados durante el enfrentamiento.
Las consecuencias legales para migrante hondureño
La fiscal federal Kelly O. Hayes, junto con representantes de ICE y de Investigaciones de Seguridad Nacional en Baltimore, anunciaron que a Hernández Ramos lo acusan de agredir, resistirse y obstruir a agentes federales.
Los cargos podrían llevarlo a cumplir hasta un año de prisión por cada delito imputado.
El hondureño permanece detenido, a la espera de audiencias adicionales que definirán su futuro legal y migratorio en Estados Unidos.
El caso del brasileño
El mismo fin de semana, a otro hombre, un brasileño identificado como Tony Marcos Ferreira-Dos Santos, también lo acusaron de agredir a agentes del ICE en el condado de Wicomico.
Al igual que el hondureño, intentó huir y se resistió violentamente antes de que lo capturaran.
Las autoridades subrayan que ambos incidentes reflejan la creciente hostilidad a la que se enfrentan los agentes de ICE en el cumplimiento de su labor.
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Los riesgos de los agentes estadounidenses
Más allá de los cargos, el caso de el hondureño y el brasileño revela la vulnerabilidad de quienes deben ejecutar órdenes de captura en un clima de creciente resistencia.
También de los riesgos que implica para los migrantes. Para las autoridades, estos hechos son un recordatorio de que cada operativo migratorio puede convertirse en un terreno impredecible.
Un escenario, aseguran, que muestra que la violencia se convierte en un obstáculo más de la justicia.
