Eran pasadas las once de la noche del viernes 5 de septiembre de 2025, cuando la tranquilidad de Country Creek Drive, al suroeste de Houston, se quebró con el estruendo de una colisión. Ricky Ornelas, un hombre de 34 años, caminaba por la zona cuando fue embestido por un hondureño.
El conductor no se detuvo. No miró atrás. Aceleró, dejó tras de sí el cuerpo de un hombre que no sobrevivió.
Horas después, la policía halló el vehículo implicado en una gasolinera, a más de cinco kilómetros de la escena.
El parabrisas estaba astillado, el techo con manchas que parecían sangre, y el capó aplastado por el impacto. Era la camioneta de Yimy Ricardo Ulloa Padilla, un hondureño de apenas 20 años.
El conductor hondureño tenía doble el límite legal de alcohol
La captura ocurrió esa misma noche. A Ulloa Padilla lo encontraron las autoridades, pero no ofreció una versión clara de los hechos.
Estaba desorientado, se tambaleaba, hablaba con dificultad, tenía los ojos inyectados en sangre y expedía un fuerte olor a alcohol, según los reportes de los fiscales.
“No solo estaba ebrio. Estaba bajo la influencia del alcohol con una concentración que duplicaba el límite legal. Y lo más grave: no tiene ni siquiera la edad legal para consumir alcohol en este país”, dijo en la audiencia el fiscal adjunto del condado de Harris, Connor Lancaster.
En la detención, Ulloa proporcionó dos nombres distintos, y no portó ningún documento de identificación. Los fiscales creen que intentó evadir responsabilidades desde el primer instante.
Atropello con fuga y droga en el vehículo
La escena empeoró cuando las autoridades inspeccionaron la Ford F-150 que Ulloa conducía.
En el interior encontraron una bolsa con supuesta marihuana, un vaporizador y manchas que parecían ser sangre humana en el techo del vehículo.
“La policía nos informó que cuando Ulloa fue interrogado, lo que más le preocupaba era saber dónde estaba su marihuana. No preguntó por la víctima. No mostró remordimiento alguno”, agregó el fiscal.
La evidencia es contundente. A Ulloa lo acusaron de manejar bajo los efectos del alcohol y de abandonar el lugar de un accidente mortal sin prestar auxilio, cargos que por sí solos podrían llevarlo a prisión por años.
Ulloa Padilla enfrenta cargos graves y detención migratoria
El hondureño permanece tras las rejas, con una fianza establecida en $100,000 (unos 2.6 millones de lempiras).
Pero su situación legal no termina ahí. Según confirmó un portavoz del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), Ulloa ingresó ilegalmente a Estados Unidos en 2022 y nunca se presentó a sus audiencias migratorias.
Ahora, además de enfrentar un proceso penal por el atropello con fuga, también tiene activa una orden de detención migratoria, lo que podría derivar en su deportación inmediata tras cumplir condena, si lo hallan culpable.
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Familia de la víctima exige justicia tras el atropello con fuga
Del otro lado de esta historia está una familia destruida. La de Ricky Ornelas, un hombre que esa noche simplemente caminó, sin saber que sería su última.
Sus seres queridos ahora claman justicia, exigen que el responsable pague por huir, por estar ebrio y por quitar una vida sin ni siquiera detenerse a mirar atrás.
Este atropello con fuga en Houston no es solo una estadística más. Es una historia real, con una víctima, un responsable, y un país que enfrenta las consecuencias del alcohol al volante y la irresponsabilidad criminal.
