Salieron hacia sus trabajos como cualquier otro día. Pero en algún punto del camino apareció ICE y la rutina se convirtió en arresto, custodia migratoria y, finalmente, un vuelo fuera de Estados Unidos. Eran 37 mexicanos deportados, pero el avión que los sacó de suelo estadounidense no aterrizó en México.
Los dejó en Honduras. El grupo llegó a San Pedro Sula a bordo de un vuelo militar, en un procedimiento que llama la atención precisamente por la nacionalidad de quienes venían: mexicanos detenidos en Estados Unidos,
Ellos terminaron descendiendo de una aeronave de deportación en territorio hondureño.
La historia comienza, sin embargo, mucho antes de que se abriera la puerta de aquel avión.
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ICE encontró a los mexicanos camino al trabajo
Los 37 ciudadanos mexicanos residían en Estados Unidos y se dirigían hacia sus lugares de trabajo cuando los arrestaron agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), según la información disponible sobre el caso.
De un momento a otro dejaron de ser trabajadores en camino a cumplir una jornada, pasaron a formar parte del engranaje de detenciones y expulsiones migratorias que se endureció en Estados Unidos.
Después del arresto vino la custodia y luego el traslado. Los 37 mexicanos deportados los subieron a un avión militar que abandonó territorio estadounidense.
Hasta ahí, la secuencia podía parecer la de muchos otros retornos forzados. El giro estaba en el lugar donde terminaría el viaje: San Pedro Sula.

Honduras apareció al final del vuelo
Para Honduras, ver aterrizar aeronaves con deportados procedentes de Estados Unidos es una escena frecuente.
Según datos de organismos migratorios, el país recibe semanalmente un promedio de al menos 11 vuelos con personas retornadas.
Pero este vuelo llevó un detalle imposible de pasar por alto: los 37 mexicanos.
Su llegada se produce mientras la administración del presidente Donald Trump mantiene una política estadounidense de deportar a migrantes hacia países distintos a los de su nacionalidad.
En San Pedro Sula, aquellos hombres completaron una parte de un recorrido que había comenzado de la manera más cotidiana: tratando de llegar al trabajo.
Por ahora, su llegada deja otra incertidumbre abierta: no se precisó si los 37 mexicanos permanecerán en Honduras o si buscarán la manera de continuar el viaje hasta México, su país de origen.
Tras ser expulsados de Estados Unidos, el siguiente paso de sus vidas sigue sin estar claro.

De una jornada de trabajo a un avión militar
La cifra puede reducirlos a un número: 37. Pero detrás están 37 trayectos que en aquella jornada no terminaron frente a un lugar de trabajo.
Terminaron frente a agentes de ICE
Después vendrían la detención, la incertidumbre, el avión militar y la salida de Estados Unidos. Una cadena de acontecimientos que los llevó lejos del punto donde comenzó su día.
Y todavía quedaba la última sorpresa de la ruta: cuando las puertas del avión se abrieron, los 37 mexicanos no estaban en México.
Estaban en San Pedro Sula, Honduras, una escala o destino cuya función dentro del procedimiento deberá ser precisada por las autoridades migratorias.
Así, se dio esta deportación en una ruta poco habitual: Estados Unidos los detuvo, un avión militar los sacó del país y Honduras apareció al final del vuelo.
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