El Hospital Psiquiátrico Santa Rosita, ubicado en el Valle de Amarateca, hizo historia con la inauguración de la primera sala de cine dentro de un centro de salud mental en Honduras, gracias al trabajo conjunto entre el Instituto Hondureño de Cinematografía (IHCINE), la Secretaría de Salud y el propio hospital.
El proyecto, presentado oficialmente esta semana, busca integrar el séptimo arte como parte del tratamiento integral de los pacientes, reafirmando el compromiso de las autoridades de promover el bienestar y la dignidad de todas las personas.

¿Cuál es el objetivo de la sala de cine en el Hospital Psiquiátrico?
La sala de cine no solo es un espacio recreativo, sino una herramienta terapéutica, educativa y humanizadora.
Su diseño responde a estrategias basadas en la neurociencia, la arteterapia y la psiquiatría comunitaria, con el objetivo de contribuir a los procesos de rehabilitación psicoemocional de pacientes con afecciones mentales y en recuperación de adicciones como el alcoholismo.
De acuerdo con especialistas, la experiencia cinematográfica estimula la empatía, la expresión emocional, el pensamiento simbólico y ayuda a reducir el estigma social hacia las personas que enfrentan problemas de salud mental.
Además, se reivindica el acceso al cine como un derecho cultural y humano, garantizando que incluso los sectores históricamente excluidos puedan disfrutarlo.

Cine como terapia y dignidad
“Con esta sala de cine no solo llevamos una pantalla a un hospital, sino que abrimos una ventana de esperanza, empatía y expresión artística para los hondureños que luchan por recuperar su salud”, expresó el equipo del IHCINE durante el acto inaugural.
Este logro ha sido posible gracias al esfuerzo interinstitucional y al compromiso de aliados que buscan transformar el modelo de atención en salud mental del país.
La propuesta coloca a Honduras a la vanguardia en la integración del arte en procesos médicos y de rehabilitación.
¿Qué otros países de la región tienen salas de cine en hospitales psiquiátricos?
Aunque en otros países existen experiencias similares, ninguna tiene el alcance estructural y permanente de la sala instalada en Santa Rosita.
En Cuba, el Hospital Universitario General Calixto García desarrolla el “Cinedebate Terapéutico” como parte de un programa ambulatorio, mientras que en Colombia se organizó una salida de pacientes a un cine local, sin infraestructura propia en el hospital.
Por su parte, en Ecuador y otras naciones, la OPS/OMS ha promovido cine-foros sobre salud mental en espacios culturales externos, enfocados más en sensibilización que en procesos clínicos internos.
Con la inauguración de esta sala de proyección, Honduras abre un precedente en la región, demostrando que el cine no solo entretiene, sino que también cura, conecta y humaniza.
