La Isla Conejo, ubicada en el Pacífico, volvió a generar tensión entre Honduras y El Salvador, luego de que el presidente hondureño Nasry Asfura la visitara y ratificara la soberanía sobre la zona. Después del acto, el mandatario salvadoreño, Nayib Bukele, calificó de "tonto" a quien se preocupe por lo que él considera una simple "piedra" en el mar.

Esta situación reavivó un debate histórico que muchos consideraban superado tras la sentencia de la Corte Internacional de Justicia.

En la emisión del programa Frente a frente de este 22 de julio, los analistas invitados para desglosar esta problemática fueron el abogado Arístides Mejía, exsecretario de Defensa; el general en condición de retiro Isaías Barahona, exjefe del Estado Mayor Conjunto y ex vicecanciller; y el experto en derecho internacional, Graco Pérez.

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Estrategia de distracción ante crisis internas

Para el experto Graco Pérez, la reaparición del tema no es casualidad ni responde a una preocupación legítima por el islote, sino a una táctica política del mandatario salvadoreño.

Según Pérez, Bukele utiliza este recurso nacionalista para desviar la mirada de temas espinosos en su propio país.

El analista fue contundente al señalar que "él es quien está tratando de desviar la atención" de asuntos como su reelección, señalamientos de enriquecimiento personal y las denuncias de violaciones de derechos humanos en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot).

La sentencia es cosa juzgada y no requiere discusión

Por su parte, el general (r) Isaías Barahona afirmó que Honduras no debería desgastarse en responder a provocaciones dialécticas sobre un asunto que ya tiene una resolución legal firme, con pronunciamientos de la Corte Internacional en 1992 y 2003.

Barahona enfatizó que "la sentencia es terminal, es cosa juzgada, no hay nada más que discutir", por lo que entrar en una confrontación verbal sería validar una duda que no existe legalmente.

"Honduras no debe admitir que lo metan en un ring a estar discutiendo sobre un tema que está resuelto", aseveró Barahona.

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Pretensiones económicas y geopolíticas en el golfo de Fonseca

En contraste con la idea de que es un tema meramente distractor, Arístides Mejía analizó el trasfondo de "política de Estado" que mantiene El Salvador, independientemente de quién gobierne.

Mejía explicó que, aunque Bukele llame "piedra" al islote para minimizar la posibilidad de un conflicto armado, no ha renunciado a las pretensiones territoriales salvadoreñas que buscan asegurar el control económico del Golfo de Fonseca.

El exsecretario de Defensa destacó que El Salvador tiene un interés estratégico vinculado al puerto de La Unión, señalando que "necesitan tener soberanía ahí por donde está Isla Conejo para los barcos que fondeen ahí" por razones de profundidad y logística comercial.

Mientras el general Barahona abogó por ignorar "necedades" para no alimentar el conflicto, Graco Pérez insistió en que Honduras debe ser "firme y contundente".

Situación geográfica de la Isla Conejo

Desde el punto de vista geográfico, la isla Conejo no es un territorio insular permanente en el sentido tradicional, sino una isla mareal de unas 50 hectáreas situada a solo medio kilómetro de la costa de Goascorán. Su condición cambia constantemente con el ritmo del mar, ya que en marea alta el agua la rodea por completo rodeándola como un islote, mientras que en marea baja el nivel del agua desciende tanto que deja al descubierto un corredor de tierra y lodo que permite caminar hacia ella desde el continente.

Esta particularidad física ha marcado de manera determinante su significado político y geopolítico en el golfo de Fonseca. Al quedar unida a la masa continental hondureña durante las horas de pleamar baja, la geografía apoya la tesis de que se trata de una extensión natural del territorio firme del país, razón por la cual nunca formó parte de la controversia de delimitación insular resuelta por la Corte Internacional de Justicia en 1992.