Julián Arístides González, más conocido como el zar antidrogas, es recordado con respeto y admiración por quienes trabajaron a su lado en la Dirección de Lucha Contra el Narcotráfico (DLCN) desde junio de 2003 a diciembre de 2009.

Estricto pero humano, González no sólo dirigía a su equipo desde su oficina; él mismo participaba en los operativos, liderando con el ejemplo y sin temor a las amenazas de los narcotraficantes hondureños.

Uno de sus compañeros relata un incidente memorable: “Un día, un sujeto le ofreció dinero de los narcos para que dejara de molestarlos. Lo echó de la oficina sin dudarlo”.

Esta escena se repitió en muchas ocasiones, pues para González la integridad no era negociable.

La muerte de González, un día de diciembre de 2009, es recordada como uno de los crímenes de más alto impacto registrados en Honduras por el narcotráfico, un flagelo cuyos tentáculos en la vida política nacional apenas empezaban a vislumbrarse y que han quedado evidenciados en los juicios a narcotraficantes en Nueva York.

La llegada al poder del partido Libertad y Refundación (Libre) en 2022 y la condena a 45 años de prisión al expresidente Juan Orlando Hernández parecían indicar que la época de la narcodictadura, como se conoce a los doce años de gobierno nacionalistas, había llegado a su fin.

Sin embargo, la publicación de un video en el que aparece Carlos Zelaya, hermano del expresidente Manuel Zelaya (fundador y coordinador de Libre) y cuñado de la presidenta Xiomara Castro, en una reunión con narcos ha revelado una nueva dimensión de la infiltración del narcotráfico en Honduras.

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Al zar antidrogas le gustaba pilotear lanchas durante los operativos.

La lucha contra los narcos

González luchaba contra el narcotráfico en condiciones extremas. A pesar de la falta de apoyo, piloteaba lanchas y dirigía operativos en tierra.

Su coraje era evidente en cada misión: no se cubría el rostro y enfrentaba a los narcotraficantes de manera directa, transmitiendo un mensaje claro: “Si siguen dañando este país, los detendremos”.

Aunque algunos creen que desmantelar una narcopista en Naco, departamento de Cortés le causó la muerte, quienes lo conocieron aseguran que el verdadero golpe a los narcos fue cuando destruyó antenas de comunicación en la zona de Patuca.

"Estas antenas eran clave para coordinar los vuelos de las avionetas cargadas de drogas, y su destrucción enfureció a los cárteles", comenta uno de los agentes.

A pesar de las amenazas, González confiaba en que no le harían daño. “No le hacía mal a nadie, no entendía por qué podía pasarle algo”, recuerdan sus compañeros.

Sin embargo, su excesiva confianza le costó la vida, sólo tenía asignado un conductor y un elemento de seguridad que el día de su muerte en diciembre de 2009 no lo acompañaban.

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El aar antidrogas en un operativo en La Mosquitia.

El legado que permanece

Los agentes de la DLCN que trabajaron con él afirman que el mayor legado de González fue su honradez y dedicación.

“Era un hombre íntegro, incluso quiso evangelizarnos, nos traía un pastor todos los lunes”, cuentan.

Su frase célebre, “en una guerra no debemos dejarnos ganar”, sigue resonando en la mente de quienes lo acompañaron en la lucha contra el narcotráfico.

González tuvo al poderoso cártel de Los Cachiros en la mira, y aunque no logró capturarlos, nunca dejó de luchar contra ellos.

A pesar de contar con un equipo reducido de solo 56 elementos, trabajó sin descanso, sabiendo que su vida estaba en peligro.

En Utila, por ejemplo, "el general pasaba noches enteras durmiendo en el monte, esperando la llegada de un cargamento de cocaína", recuerdan sus compañeros.

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No sólo dirigía los operativos, sino que era uno más en las tareas de campo.

Momentos inolvidables

Entre las muchas anécdotas que comparten los agentes, destacan los momentos en que el zar tocaba el piano en su oficina.

“Le gustaba alegrarnos el día tocando música. En los días de la madre, tocaba el himno a las madres. Esa música aún la extrañamos en los pasillos”, recuerdan con nostalgia.

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Julián Arístides González tenía una profunda pasión por la música, tanto así que llevó su piano a la DLCN para alegrar y motivar a su equipo.

González también tenía un estilo único de dirigir operativos. En una ocasión, durante una misión contra Francisco Javier Zelaya (condenado en Estados Unidos por narcotráfico en 2014), apartó a la fiscal especial diciendo: “Más ayuda el que no estorba”. Confiaba plenamente en su equipo para procesar la escena.

Una lucha que se apagó demasiado pronto

El 8 de diciembre de 2009, la lucha incansable de Julián Arístides González llegó a su fin cuando fue asesinado en el barrio Guanacaste, en Tegucigalpa.

Sin embargo, su legado de valentía y compromiso con la justicia perdura en quienes continúan la lucha contra el narcotráfico en Honduras.

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En un sobrevuelo en La Mosquitia para interceptar un cargamento de droga.