Medio millón de lempiras cada mes no se recoge tocando una sola puerta. Detrás de esa cifra había, según las investigaciones, una maquinaria de la Pandilla 18 que necesitaba víctimas, cuotas, cobradores, rutas para recoger el dinero y mecanismos para recibirlo.
Y también necesitaba miedo, en ese último engranaje aparecen dos hermanos: Ivis Nolberto Raudales García, alias “Venenoso”, y Kener Jesús Raudales García, conocido como “El Rocolita”.
La División Anti Extorsión y Asociaciones Terroristas (DAET) los señala como presuntos miembros activos de la Pandilla 18, pero su supuesto papel iba mucho más allá de recoger dinero.
Los investigadores sostienen que ambos participaron en la planificación y ejecución de ataques contra quienes se negaban a entregar las cuotas exigidas.
Era la parte más dura del negocio: hacer entender que un “no” podía tener consecuencias.
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Pandilla 18: cobrar era solo una parte del trabajo
La extorsión atribuida a la estructura tenía entre sus principales víctimas a operarios del transporte interurbano y comerciantes de la capital.
Según la DAET, “Venenoso” y “El Rocolita” coordinaron y recolectaron cuotas impuestas a las víctimas.
Las ganancias atribuidas a esa actividad rondaron los 500 mil lempiras mensuales, pero el dinero necesitaba seguir entrando.
Ahí adquiere importancia el segundo papel que los investigadores atribuyen a los hermanos: participar en ataques contra víctimas que se resistían al pago.
La amenaza, entonces, no habría quedado únicamente en llamadas o mensajes. Según las pesquisas, ambos se vincularon con la planificación y ejecución de atentados utilizados como represalia contra quienes desafiaban las exigencias de la organización.
Eso explica por qué la DAET los identificó como objetivos prioritarios dentro de las investigaciones por extorsión al transporte.
No eran señalados simplemente como dos presuntos pandilleros más y los investigaron como piezas de una estructura que necesitó mantener funcionando simultáneamente el cobro y la intimidación.

Una motocicleta para seguir la ruta del dinero
La maquinaria también necesitaba movilidad y durante la operación, los investigadores decomisaron una motocicleta que, según la DAET, la utilizaron los sospechosos para movilizarse y realizar las rutas de cobro.
Ese detalle permite dimensionar cómo funcionó el negocio en la calle y mientras las cuotas eran impuestas a transportistas y comerciantes, alguien debía encargarse de recogerlas y garantizar que el dinero llegara a manos de la estructura.
Los investigadores también encontraron efectivo que presuntamente procedía de las extorsiones.
Pero una de las piezas más importantes podría estar en los teléfonos celulares que decomisaron. Los aparatos se someterán a análisis técnico para determinar qué información contienen y si permiten reconstruir otros movimientos de la estructura.
Números, comunicaciones y posibles conexiones podrían ampliar una investigación que ya no apunta únicamente hacia los dos hermanos.
El dinero habría llegado hasta el círculo familiar
El apellido Raudales aparece en un capítulo todavía más incómodo de la investigación. La DAET sostiene que la madre de “Venenoso” estaría vinculada con la recaudación de dinero proveniente de extorsiones.
Por ahora, las autoridades mantienen abiertas las averiguaciones para establecer cuál es exactamente su participación.
En el entorno familiar de “El Rocolita” hay otros antecedentes. Según la información policial, su esposa y su hermana permanecen recluidas en una cárcel para mujeres por su involucramiento en el delito de extorsión.
Y el método atribuido a ambas muestra otra cara del negocio, aseguran que utilizaban billeteras electrónicas para recibir los pagos ilícitos exigidos a las víctimas.
Así, la investigación dibuja algo más amplio que dos hombres cobrando extorsiones: una cadena en la que diferentes personas desempeñaron distintas funciones alrededor del mismo negocio.

Del miedo al medio millón
A “Venenoso”, de 20 años, y “El Rocolita”, de 29, los capturaron el 10 de julio en la colonia Brisas de Olancho, en Comayagüela.
La operación puso bajo custodia a los dos hermanos, pero no necesariamente cerró la estructura que los investigadores intentan reconstruir.
Porque detrás de los L500 mil mensuales hay preguntas que los teléfonos decomisados podrían ayudar a responder: quién imponía las cuotas, quién recibía el dinero y quién más participó en la cadena.
Lo que la DAET atribuye a los hermanos permite ver cómo la extorsión puede funcionar como una maquinaria.
Una víctima paga, alguien recoge y otro recibe. El dinero circula y cuando alguien se resiste, entra en juego la amenaza.
Según la investigación, “Venenoso” y “El Rocolita” estuvieron en ese punto donde se cruzó el dinero y el miedo.
Y allí estaba el verdadero valor de ambos para la estructura: no solamente conseguir que pagaran, sino ayudar a garantizar que nadie quisiera ser el próximo en negarse.
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