La historia de Alma Cleotilde Grand Pérez, más conocida como La Bruja Cleo, no solo estremeció a quienes conocieron sus crímenes en los años noventa, sino que se convirtió en un caso de referencia para entender hasta dónde puede llegar la violencia humana en Honduras.
Su nombre está asociado a rituales satánicos, asesinatos despiadados y rumores de canibalismo que aún hoy circulan en la memoria popular.
La bruja Cleo y su infancia rota
La vida de Cleo estuvo marcada desde sus primeros años por el dolor. Su madre la abandonó, sus hermanos la rechazaron y su padre no solo la violó, sino que la vendió en cuatro ocasiones.
Esa niñez rota la llenó de resentimiento, sobre todo contra los hombres, a quienes veía como la viva representación de su agresor.
Con el tiempo, ese odio se transformó en un combustible para la violencia. Buscando escapar de los abusos, viajó a Belice con la esperanza de reencontrarse con su madre, pero en ese camino descubrió la brujería.
En medio de rituales de sexo, drogas y sangre se convirtió en lo que llamó “La doncella de Satanás”.
Incluso en prisión llegó a decir que el diablo le ordenó seguir matando. Su consultorio de hechicería se volvió famoso y temido, mientras su vida se sumía en la oscuridad absoluta.

Crímenes macabros en Honduras
La Bruja Cleo asesinó a tres hombres de manera brutal. No solo los mató: los descuartizó, realizó rituales satánicos con sus restos y los enterró en su casa.
El horror aumentó cuando surgieron versiones de que la carne asada y los nacatamales que vendía podrían contener restos humanos.
Uno de los asesinatos más emblemáticos fue el de una de sus parejas, a quien culpó de haberla contagiado de VIH. Cada crimen fue un eco del odio acumulado desde su infancia.
La captura y el juicio de la bruja Cleo
El inicio de su caída llegó con la desaparición de un guatemalteco. La Policía siguió las pistas hasta El Porvenir, Atlántida, donde agentes encubiertos se hicieron pasar por clientes.
En su vivienda encontraron pruebas irrefutables: la mercadería del extranjero, un cadáver escondido en el fogón y otro bajo unas matas de plátano.
Con esas evidencias, a la asesina serial la detuvieron en 1998 y sentenciaron a 70 años de prisión.
La bruja Cleo tras las rejas
En la Penitenciaría Nacional Femenina de Adaptación Social (PNFAS), Cleo vivió en solitario, sin recibir visitas ni mostrar arrepentimiento.
Se presentó como la elegida del diablo y se mantuvo envuelta en un halo de oscuridad que la convirtió en una figura temida incluso entre las reclusas.
Murió el 10 de noviembre de 2021, a los 63 años, tras pasar 23 años encarcelada y sufrir varias enfermedades que la llevaron a ser hospitalizada en Tegucigalpa.
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El eco de un caso que sigue vivo
El nombre de La Bruja Cleo todavía provoca escalofríos en Honduras. Su historia quedó grabada como la primera asesina serial del país.
Este es un caso que mostró cómo la violencia, la brujería y el odio se combinaron en una vida destinada a la tragedia.
A más de dos décadas de su captura y cuatro años después de su muerte, sigue siendo uno de los episodios criminales más recordados.
Es un relato que mezcla realidad y mito, y que revela los rincones más oscuros del ser humano.
