Durante cinco años, los hondureños no dejaron de migrar, pero no hubo caravanas migratorias: cientos de personas caminando juntas hacia el Estados Unidos en una imagen que marcó una época.
Este fin de semana esa escena regresó y alrededor de 400 hondureños salieron desde San Pedro Sula con la intención de llegar hasta la nación del norte.
Así se reactivó el modelo de las caravanas migratorias que tuvo su mayor auge entre 2018 y 2021.
Pero hay una diferencia de fondo: la ruta parece la misma, pero el país al que intentan llegar ya no ofrece las mismas condiciones migratorias.
La nueva caravana migratoria avanza mientras Estados Unidos mantiene una política más restrictiva frente al ingreso irregular y continúa las deportaciones de hondureños.
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Caravana: el modelo cinco años después
César Castillo, director del Observatorio de Migraciones Internacionales en Honduras (OMIH), recordó que Honduras dejó atrás las grandes movilizaciones colectivas que caracterizaron los años anteriores.
“Pasamos esa etapa de las caravanas, principalmente en 2018, 2019 y después en 2021, que fueron las últimas”, explicó el académico de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).
Eso convierte la salida actual en algo distinto a la migración cotidiana de hondureños que cruzan individualmente las fronteras.
Lo que reaparece es la caravana migratoria como estrategia: reunirse, salir en grupo y recorrer juntos una ruta que atraviesa Guatemala y México antes de intentar alcanzar territorio estadounidense.
El domingo 20 de septiembre de 2026, los primeros grupos comenzaron a movilizarse desde San Pedro Sula.
Para el lunes, el Instituto Guatemalteco de Migración registró alrededor de 400 hondureños ingresando por Izabal.

La primera frontera no es el mayor obstáculo
Cruzar de Honduras hacia Guatemala no representa, en principio, el mayor problema para los integrantes de la caravana.
Los hondureños pueden movilizarse entre ambos países bajo las condiciones establecidas en el acuerdo CA-4.
El escenario cambia cuando intenten continuar hacia México, país que exige visa a los ciudadanos hondureños.
Incluso autoridades guatemaltecas comenzaron a implementar controles ante la llegada del grupo procedente de Honduras.
Pero el destino final plantea una barrera todavía mayor: Estados Unidos lanzó una advertencia coincidiendo con la salida de los hondureños.
“Si intenta ingresar ilegalmente a Estados Unidos, será deportado”, señaló la Embajada estadounidense en Tegucigalpa en un mensaje divulgado el lunes.
La advertencia refleja el escenario bajo el cual comienza esta nueva caravana: controles más estrictos para el ingreso irregular y una política de deportaciones que ya alcanzó a decenas de miles de hondureños.
Salen mientras otros están regresando
La paradoja atraviesa toda la ruta y mientras cientos de hondureños vuelven a caminar hacia el norte, miles recorren este año el camino contrario después de ser retornados desde Estados Unidos, México y Guatemala.
Entre enero y el 20 de agosto de 2026, Honduras recibió 30,965 personas deportadas, según datos del Instituto Nacional de Migración.
El OMIH sitúa la cifra acumulada posteriormente en unos 33,000 hondureños deportados durante 2026, frente a aproximadamente 42,000 durante el año anterior.
Aun con esas cifras, la caravana volvió y una de las mujeres que emprendió el recorrido explicó a periodistas que viajaba acompañada de sus dos hijos y atribuyó su decisión a la falta de trabajo en Honduras.
Otro integrante reconoció abiertamente el escenario que encontrará adelante: sabe que Estados Unidos no quiere recibir migrantes que intenten entrar de manera irregular, pero aseguró que lo intentará.

Ya no viajan solamente hombres
Para Castillo, el regreso de las caravanas también permite observar un cambio en quiénes están emprendiendo colectivamente el recorrido.
El académico sostiene que históricamente predominaban los hombres entre los migrantes, mientras que en esta movilización aparecen mujeres y familias completas con menores.
“Las caravanas lo que hacen es que reestructuran un poco el sujeto migrante”, explicó Castillo.
El experto considera que esa composición evidencia una mayor vulnerabilidad entre quienes deciden salir del país.
El especialista atribuye la decisión de migrar a problemas como la falta de empleo, la violencia y la ausencia de mejores oportunidades.
También cuestionó la distancia que, a su juicio, existe entre algunos indicadores oficiales y las condiciones que enfrentan las familias.
Esa valoración corresponde al análisis del académico y forma parte de las razones con las que explica el resurgimiento de las caravanas.
La misma forma de salir, una ruta diferente
La primera gran caravana que salió de Honduras en 2018 convirtió la migración colectiva en una imagen que recorrió el mundo.
Después vinieron otras movilizaciones hasta 2021 y cinco años después, ese modelo vuelve a aparecer.
Pero quienes caminan ahora no avanzan bajo las mismas condiciones de entonces. Estados Unidos endureció su política frente a la migración irregular y mantiene una advertencia directa para quienes emprendan el recorrido: intentar ingresar sin autorización puede terminar en deportación.
Los propios migrantes conocen ese escenario y aun así salieron. Ahí está quizá la mayor diferencia de esta nueva caravana migratoria.
No avanza porque desconozca las barreras que encontrará adelante. Avanza sabiendo que esas barreras existen.
Cinco años después, Honduras vuelve a ver personas agrupándose para caminar hacia el norte. La caravana regresó, pero el camino que encontrará delante ya cambió.
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