Las fotografías mostraron a una joven sonriente, poses cuidadas y publicaciones donde decía trabajar como modelo independiente. En Facebook se hacía llamar "Chanell Gimenes" y compartía imágenes que poco hacían pensar que detrás de ese perfil se escondía una mujer señalada por participar en asesinatos por encargo. Pero mientras acumulaba "me gusta" en redes sociales, La China comenzó a escribir uno de los expedientes criminales más conocidos del litoral atlántico hondureño.

Su nombre empezó a resonar en abril de 2016, cuando un ataque ejecutado dentro de un autobús dejó claro que la violencia de las pandillas encontró una nueva forma de sembrar miedo: convertir el transporte público en escenario de ejecuciones.

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La China: de modelo en redes sociales a presunta sicaria

Ana Chanely Cardona, conocida con el alias de La China, llevaba una vida activa en Facebook.

Publicaba fotografías con poses sensuales, aseguraba ser modelo independiente y mostraba afinidad por las narconovelas.

Sin embargo, las investigaciones policiales comenzaron a dibujar un perfil completamente distinto.

Para las autoridades, la joven pasó a integrar una estructura criminal vinculada a la Pandilla 18 y a participar en ataques dirigidos contra el sector transporte, uno de los más golpeados por la extorsión en Honduras.

Su rostro dejó de aparecer únicamente en redes sociales para ocupar carteles de búsqueda y expedientes judiciales.

La China captura

El crimen que estremeció al transporte público

La mañana del 10 de abril de 2016, un autobús de la ruta La Ceiba-Tocoa-Santa Rosa de Aguán salió con normalidad.

En un punto de la colonia Suyapa subieron dos jóvenes pasajeras que compraron sus boletos sin despertar sospechas.

Durante varios kilómetros viajaron mezcladas entre los demás pasajeros hasta que, cerca de Tocoa, hicieron señal de parada.

En ese momento desenfundaron sus armas y lanzaron una advertencia que congeló a quienes iban a bordo.

"Esto es un asalto y vinimos a lo que vinimos". Según la investigación, La China caminó hacia la parte delantera del autobús y disparó contra el conductor Geovany Adalid Matute Ramírez, mientras su acompañante atacó al ayudante Wilson Josué Vásquez Aguilar.

Antes de escapar dejaron una nota con amenazas dirigidas al sector transporte, firmada en nombre de la Pandilla 18, advirtiendo que continuarían los asesinatos si no accedían a sus exigencias.

Las dos mujeres descendieron del autobús y huyeron en motocicletas que las esperaban pocos metros adelante.

Los videos que la identificaron

El caso dio un giro cuando aparecieron dos grabaciones captadas por cámaras de seguridad.

En una de ellas se observaba a las dos mujeres comprando los boletos minutos antes del viaje. En la otra, el momento en que una de ellas disparó contra el conductor mientras el autobús seguía en movimiento.

Las imágenes, sumadas a otras diligencias investigativas y a la captura de un hermano de la sospechosa, permitieron a los equipos de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI), la entonces Fuerza Nacional Antiextorsión y las Fuerzas Armadas ubicar a La China apenas dos días después del crimen.

La detuvieron en un amplio operativo ejecutado en la colonia Lomas de Buenos Aires, en La Ceiba.

Captura de pantalla video La China
Captura de pantalla del video que identificó a La China como la que ejecutó a un motorista del transporte interurbano. Foto: captura de pantalla video.

Condenas, nuevos procesos y un historial que siguió creciendo

El expediente judicial de La China no terminó con aquella captura. Los tribunales la condenaron por el asesinato de otro conductor: José Manuel López Vindel, operador de la empresa Transportes Cristina, crimen también ocurrido en 2016 y grabado por cámaras de seguridad.

En ese proceso recibió una pena de 20 años de prisión. Posteriormente, volvió a comparecer ante los tribunales por su presunta participación en otros homicidios.

Se incluyó el asesinato del motorista Geovany Adalid Matute Ramírez y los cargos por asociación para delinquir.

Finalmente, un tribunal le impuso una condena de 20 años por asesinato y seis años adicionales por asociación para delinquir, para un total de 26 años de reclusión, además de una multa y penas accesorias.

Desde entonces, La China quedó registrada como uno de los rostros femeninos más notorios en investigaciones por sicariato relacionadas con ataques contra el transporte público hondureño.

Su caso también evidenció una transformación en las estructuras criminales: las organizaciones ya no solo utilizaban hombres armados para ejecutar asesinatos.

Mujeres jóvenes, capaces de pasar inadvertidas entre los pasajeros, también comenzaron a ser utilizadas para cumplir misiones letales.

Las selfies que alguna vez compartió en redes sociales quedaron archivadas junto a los videos que la convirtieron en una de las sicarias más conocidas del país.

Desde 2016, su nombre dejó de asociarse con la imagen que proyectó en internet para quedar en uno de los episodios más violentos contra el transporte público en Honduras.

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