La espesura del bosque era su mejor aliado, entre árboles, senderos casi invisibles y una montaña donde el silencio se impone, funcionó una cocina clandestina destinada a dar el siguiente paso en la cadena del narcotráfico.
No era una vivienda improvisada ni un campamento cualquiera. En medio del Parque Nacional Sierra Río Tinto, en Olancho, las autoridades encontraron un laboratorio rústico que presuntamente era utilizado para extraer pasta base de cocaína.
A pocos metros, el escenario terminaba de explicar el negocio: 56 mil arbustos de hoja de coca sembrados en plena montaña.
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La hoja de cocaína que alimentó un laboratorio oculto
El hallazgo dejó al descubierto que el lugar no solo servía para cultivar hoja de coca, también contaba con la infraestructura necesaria para avanzar en el procesamiento de la droga antes de que abandonara la zona.
Según las autoridades, el laboratorio se utilizó para la extracción de pasta base de cocaína, una fase clave dentro del proceso de producción del estupefaciente.
Durante el operativo, los agentes destruyeron tanto el laboratorio como la plantación. Los 56 mil arbustos se incineraron en el sitio para impedir que el cultivo volviera a desarrollarse.
Un bosque convertido en escondite del narcotráfico
El Parque Nacional Sierra Río Tinto, se caracteriza por su vegetación densa y su difícil acceso y volvió a convertirse en escenario de un hallazgo relacionado con el narcotráfico.
La complejidad del terreno ofrece condiciones que facilitan ocultar plantaciones y estructuras clandestinas.
Son zonas que están lejos de caminos transitados y centros poblados, una estrategia que dificulta su detección.
Para las autoridades, este tipo de operaciones continuará en distintos puntos del país con el objetivo de localizar nuevos cultivos, desmantelar laboratorios clandestinos e identificar a las estructuras responsables de instalarlos.

La montaña escondía mucho más que un cultivo
A simple vista, la montaña parecía conservar únicamente árboles y vegetación, sin embargo, bajo ese paisaje funcionaba una pieza más de la cadena del narcotráfico.
El laboratorio destruido revela que el objetivo iba más allá de sembrar hoja de coca. En ese rincón de Olancho ya comenzaba el proceso para transformarla en pasta base de cocaína.
Esa es una evidencia de que el negocio criminal busca refugio en los lugares donde el bosque ofrece la mejor cobertura.
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