Hubo un tiempo en que vivir de publicar videos, recibir regalos virtuales o convertir una comunidad de seguidores en una fuente estable de ingresos parecía improbable.
Ese tiempo quedó atrás y hoy los influencers pueden convertir una cámara, un teléfono y una audiencia en una actividad económica en la que conviven publicidad, contratos con marcas, monetización, suscripciones, pagos internacionales, billeteras digitales y criptoactivos.
La economía de los influencers cambió la forma de trabajar y también la manera de recibir dinero.
El problema es que mientras ese negocio se transformó a velocidad de algoritmo, los sistemas tradicionales de supervisión financiera enfrentan ahora el desafío de entender rutas de pago que hace pocos años tenían un peso mucho menor.
No se trata de poner bajo sospecha a quien convirtió las redes sociales en su trabajo. Son millones de creadores que obtienen ingresos legítimos y construyen alrededor de sus audiencias empresas, marcas y carreras.
El reto está precisamente en evitar que una actividad nueva se criminalice por desconocimiento y, al mismo tiempo, impedir que sus mecanismos queden fuera de los análisis de riesgo financiero.
José Luis Moncada, expresidente de la Comisión Nacional de Bancos y Seguros (CNBS), resume esa frontera con una frase: “No puede supervisar al TikToker por ser TikToker. Supervisaría la trazabilidad del dinero”.
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Economía de los influencers: el negocio cambió y el radar debe cambiar
Un creador de contenido puede recibir ingresos desde distintos lugares y bajo modelos completamente diferentes.
Una parte puede proceder de publicidad; otra, de contratos con marcas; otra, de regalos virtuales, suscripciones, plataformas, transferencias internacionales o negocios desarrollados alrededor de su propia imagen.
Eso también rompe una idea bastante extendida: seguidores y visualizaciones no equivalen automáticamente a una cantidad determinada de dinero.
Un influencer con una audiencia enorme puede monetizar poco, mientras otro con menos seguidores puede sostener contratos comerciales o negocios que produzcan ingresos mucho mayores.
Por eso, para Moncada, la supervisión no debería comenzar contando seguidores ni observando el estilo de vida que alguien muestra en internet.
Desde la óptica de la CNBS o de una Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), lo relevante sería el comportamiento transaccional cuando aparezcan operaciones que se aparten del perfil económico conocido.
“La clave AML es perfil transaccional + origen de fondos + beneficiario final + trazabilidad”, explica.
La diferencia es fundamental: el foco no está en quién hace videos, sino en cómo se mueve el dinero cuando una operación financiera presenta características que requieren mayor análisis.
Las señales financieras no convierten a un influencer en culpable
Moncada identifica señales que podrían ameritar atención desde el sistema financiero: ingresos bancarios incompatibles con seguidores.
Además, visualizaciones o actividad económica; cantidades extraordinarias provenientes de pocos donantes.
Entran también las transferencias inmediatamente posteriores a terceras personas; múltiples cuentas relacionadas y operaciones internacionales sin justificación.
Pero una señal de alerta no es una condena ni demuestra por sí misma la existencia de un delito.
Es un indicador que puede obligar a determinar si detrás de una operación existe una explicación económica legítima.
Precisamente por eso Moncada rechaza presentar el fenómeno como una alarma alrededor de los influencers.
“Utilizaría una palabra diferente: es un RIESGO EMERGENTE que merece atención, no ALARMAR”, señala.
Y hace una precisión todavía más importante: millones de creadores generan ingresos perfectamente legítimos y “sería incorrecto criminalizar una nueva actividad económica”.
El riesgo está en los mecanismos, no en ser influencer
Que una actividad sea legítima no significa que sus mecanismos deban quedar fuera del radar.
Bancos, empresas, remesas, comercios y otros sectores legales también son analizados bajo esquemas de prevención de lavado de activos.
La economía digital plantea ahora su propia versión de ese desafío y Moncada advierte que “también sería ingenuo pensar que las organizaciones criminales no estudiarán mecanismos digitales capaces de transformar pagos fragmentados en ingresos aparentemente legítimos”.
La advertencia no significa que los influencers formen parte de esas estructuras. Por eso, la respuesta que plantea Moncada no pasa por “PROHIBIR ni PERSEGUIR TikTok”, sino por aplicar un enfoque basado en riesgo.
Eso supondría reforzar el monitoreo transaccional, identificar patrones atípicos, mejorar la cooperación entre plataformas, bancos y UIF, fortalecer la trazabilidad de los pagos y generar Reportes de Operaciones Sospechosas (ROS) cuando corresponda.

Honduras debe incorporar la economía de los influencers a su radar financiero
Para Moncada, Honduras tiene una tarea concreta: comenzar a reconocer formalmente estas nuevas formas de generar y movilizar ingresos dentro de sus análisis financieros.
“La CNBS y la UIF deberían comenzar a incorporar formalmente a influencers, plataformas digitales, regalos virtuales, billeteras y monetización de redes sociales dentro de sus matrices de riesgo emergente de LA/FT, sin presumir delito, pero entendiendo cómo circula el dinero”, plantea.
La frase “sin presumir delito” define el equilibrio. Incorporar la economía de los influencers no significa elaborar una lista de creadores sospechosos ni fiscalizar a alguien simplemente porque acumula seguidores, recibe regalos o construyó una vida rentable alrededor de las redes.
Significa que quienes vigilan el sistema financiero entiendan cómo funciona una economía que ya existe, cómo genera ingresos, por cuáles canales los recibe y qué comportamientos pueden considerarse normales dentro de ella.
Las redes sociales no esperaron a que las reglas financieras aprendieran su lenguaje. Convirtieron audiencias en negocios, en ingresos y teléfonos en herramientas de trabajo mientras el ecosistema económico se transforma.
El reto para Honduras no es mirar con sospecha a quienes aprendieron a vivir de esa revolución.
Es conseguir que el radar financiero deje de mirar una economía nueva con herramientas viejas.
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