En un país donde los homicidios, la extorsión y el crimen organizado marcan la vida diaria con violencia, hay municipios que parecen vivir otra realidad. Desde el 1 de enero al 8 de junio de 2025, 118 municipios hondureños reportan cero homicidios.
Detrás de ese dato hay decisiones concretas, políticas locales acertadas y, sobre todo, comunidades comprometidas.
Tunota.com conversó con alcaldes y pobladores de varios de estos municipios para conocer las claves que los llevan a ser territorios de paz.
San Matías: dos décadas sin violencia
En El Paraíso, San Matías es más que un símbolo. Es una lección viva de que la tranquilidad se construye.
Este municipio, 100 % rural y con más de 5,600 habitantes, no registra un solo homicidio en más de dos décadas. Su alcalde, Raúl Castellanos, lo resume con orgullo:
“Se puede visitar la Policía Nacional y los Juzgados de Paz. No existen informes de muertes violentas”.
¿Qué hacen diferente? Aquí no se venden bebidas alcohólicas, los jóvenes estudian y la comunidad vigila su propia armonía.
“Aquí no hay expendios de licor. El que llega, respeta”, dice un vecino. Y ese respeto es parte de una cultura social que se afianza con la educación.

Marcovia: seguridad ciudadana con estructura
Ubicado en Choluteca, Marcovia tenía una historia distinta, hasta que desde 2018 decidió cambiarla.
Con una población de más de 49 mil personas, su alcalde, José Nahún Cálix Álvarez, apostó por la planificación:
“La coordinación interinstitucional es clave. No se puede actuar de forma aislada, hay que integrarse”, señala.
La Mancomunidad de Municipios del Sur (Nasmar) es parte de esa fórmula. Fortalecieron la vigilancia, crearon redes de atención para víctimas y se enfocaron en prevenir la violencia en los sectores más vulnerables.
Los operativos fijos, los controles contra drogas y la participación comunitaria se volvieron rutina. Y los resultados son evidentes: la violencia disminuyó notablemente.

La Virtud: el municipio donde todos cuidan la paz
La Virtud, en Lempira, está en la frontera con El Salvador y es otro de los municipios sin homicidios. Su alcalde, Arnulfo Rodríguez, lo dice con claridad: "Aquí cada ciudadano es un guardián de la paz”.
El programa radial “El Alcalde Contesta” es su vía directa con la comunidad, y cada domingo responde inquietudes, recibe denuncias y fortalece el vínculo con los pobladores.
Además, la decisión de implementar una ley seca en las aldeas fue vital. Solo se permite venta de licor en la cabecera municipal, lo que disminuyó los conflictos relacionados con el alcohol.
A eso se suma la presencia cercana de fuerzas salvadoreñas en la frontera, que frenan el paso de criminales.
“Aquí todos nos conocemos. Si llega alguien nuevo, lo investigamos”, explica una pobladora.
Esa vigilancia informal, más la alianza con iglesias y patronatos, crea un ecosistema donde la violencia no prospera.

San Luis: municipio liderado por un expolicía
En San Luis, Santa Bárbara, la experiencia en seguridad del alcalde Rommel Rivera, exoficial de policía, es clave.
“Conozco cómo se mueve la criminalidad y cómo acercarse a la gente. La clave está en la confianza entre policía, alcaldía y comunidades”, relata.
Aunque solo tienen una patrulla y ocho agentes para un municipio que colinda con cinco más, el mapeo de zonas de riesgo, la relación cercana con patronatos y una política de regulación del alcohol permiten que los patrullajes sean efectivos.
Aquí no hay ley seca, pero cada venta debe contar con el aval de la comunidad e incluso de la iglesia. Si no cumplen, no se autoriza, comentó el edil.
Rivera insiste en que cuando un policía no trabaja con enfoque comunitario, pide su cambio. Porque, sin esa relación de confianza, la seguridad se quiebra.

El papel de las alcaldías y la comunidad en la seguridad
El analista de seguridad Gonzalo Sánchez lo resume así: “El éxito está en la policía comunitaria con apoyo de las alcaldías. Y en que el ciudadano entienda que su rol no es pasivo: debe vigilar y denunciar”.
Sánchez también destaca el papel de las iglesias y de los patronatos como agentes activos de paz.
"Cuando una comunidad se organiza, cuando el municipio apoya logísticamente a la seguridad y cuando hay voluntad política, el crimen retrocede", destaca.
Y concluye: "La delincuencia no solo se combate con armas, sino con comunidad".
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Honduras necesita más municipios como San Matías
Los testimonios de San Matías, Marcovia, La Virtud y San Luis revelan que la paz no es casualidad.
Es el resultado de decisiones valientes, estrategias locales y comunidades que entendieron que vivir tranquilos es un derecho, pero también una responsabilidad colectiva.
En un país donde muchos solo conocen la violencia como paisaje cotidiano, estos municipios son faros de esperanza.
Lo que hacen funciona, y su experiencia podría replicarse. Porque cuando el poder local se compromete, la ciudadanía actúa y la policía trabaja en comunidad, Honduras respira mejor.
