Honduras enfrenta una amenaza silenciosa pero devastadora: el cambio climático empuja a miles de niños, niñas y jóvenes hacia la pobreza extrema, lo que deja a la infancia en peligro.
Así lo advierte el reciente informe “El impacto del cambio climático en la pobreza infantil y juvenil de América Latina”, elaborado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la Comisión Económica para América Latina (CEPAL).
Ese informe analiza los efectos climáticos y económicos que marcarán el destino de la infancia en la región.
El estudio proyecta que, si no se toman medidas urgentes, millones de menores en América Latina caerán en situación de pobreza antes del 2030.
Según el informe, hasta 17.9 millones de niños, niñas, adolescentes y jóvenes adicionales caerán en pobreza en América Latina. Y esa cifra podría llegar a 27.5 millones si la desigualdad también se agrava.
En países como Honduras, donde ya existe una fuerte desigualdad y vulnerabilidad social, el impacto podría ser aún más profundo y duradero, según expertos.
Infancia expuesta al aumento de temperatura
Según el estudio, América Latina experimenta un aumento sostenido de temperatura superior a 1 °C respecto al promedio del siglo pasado, lo que intensifica fenómenos como sequías prolongadas, lluvias torrenciales e inundaciones.
En zonas como el Corredor Seco, estos cambios ya dejan huella: cultivos arruinados, desnutrición infantil y migración forzada de jóvenes en busca de sobrevivencia.
El informe revela que al menos 45 millones de niños en América Latina están expuestos a olas de calor, 60 millones a ciclones y 55 millones a escasez de agua. Honduras forma parte de ese mapa de riesgo.

Más de la mitad de los pobres son menores de 25 años
El informe de UNICEF y CEPAL destaca que, en América Latina, el 52 % de las personas pobres son niños, niñas, adolescentes y jóvenes.
Honduras sigue esa misma tendencia. De hecho, cuatro de cada diez menores de 15 años viven en pobreza.
A esto se suma la falta de acceso a servicios básicos, que los deja sin posibilidad de adaptación frente al clima cambiante.
A medida que aumenten las temperaturas y se profundice la desigualdad, el informe advierte que "la pobreza infantil podría duplicarse en varios países, incluyendo Honduras".
Esto, si los Gobiernos no implementan políticas redistributivas y estrategias de protección climática con enfoque en la niñez.
El informe estima que bajo un escenario optimista (Net Zero 2050) el cambio climático empujaría a 5.9 millones de niños adicionales a la pobreza.
Pero, en el peor escenario de inacción y aumento de desigualdad, esa cifra se triplica hasta los 27.5 millones.
La niñez hondureña, fuera del financiamiento climático
Una de las denuncias más graves del informe es que solo el 3.4 % del financiamiento climático multilateral recibido por América Latina es sensible a la infancia, y Honduras no está entre los países que lo reciben.
Esto significa que los niños hondureños enfrentan los peores efectos climáticos sin recursos asignados para protegerlos.
Los pocos fondos disponibles están enfocados en educación en algunos países y dejan fuera áreas críticas como salud, saneamiento y nutrición.
¿Qué propone el informe?
UNICEF y CEPAL llaman a los gobiernos de la región a incorporar a la infancia en sus políticas climáticas y Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (CDN), que deben presentarse en 2025.
Las acciones prioritarias incluyen:
- Infraestructura climáticamente resiliente (escuelas seguras, acceso a agua, salud primaria).
- Protección social adaptativa que responda a desastres.
- Financiamiento climático sensible a la niñez.
- Educación ambiental y empoderamiento juvenil.
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Honduras frente al espejo
El informe es claro: si Honduras no actúa, el cambio climático será el nuevo rostro de la pobreza infantil.
Lo que hoy parece una crisis ambiental, se convertirá pronto en una crisis humanitaria infantil.
La pobreza, que ya golpea a generaciones enteras, podría arraigarse aún más entre los más jóvenes, convirtiendo la niñez en una etapa de sobrevivencia, no de crecimiento.
Salvar a la niñez hondureña del colapso climático exige voluntad política, inversión inmediata y una visión de futuro que priorice a quienes hoy no tienen voz.
