Un acusado conoce quién da las órdenes, quién mueve el dinero y quién sostiene una estructura criminal. Está dispuesto a hablar. La Ley de Colaboración Eficaz busca convertir esa información en una herramienta para perseguir a quienes permanecen detrás de la organización.
Esa es una iniciativa que continúa sin aprobarse en Honduras pese a que especialistas la consideran una herramienta necesaria para penetrar y desmantelar organizaciones criminales desde adentro.
El mecanismo permitiría que una persona imputada entregue información veraz y útil para una investigación a cambio de determinados beneficios judiciales.
La figura la contempla la legislación penal hondureña, pero falta una normativa que establezca cómo debe funcionar y bajo qué condiciones.
La discusión, sin embargo, lleva años sin traducirse en una herramienta plenamente desarrollada dentro del sistema de persecución penal.
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Ley de Colaboración Eficaz: ¿por qué no avanza?
Para el abogado Carlos Polanco, el estancamiento de este tipo de iniciativas no puede separarse de los intereses que pueden tocar las investigaciones contra estructuras criminales y redes de corrupción.
“Aquí no avanza este tipo de proyectos porque la corrupción viene desde las esferas gubernamentales”, sostuvo Polanco.
Su señalamiento coloca otro elemento sobre la discusión: una Ley de Colaboración Eficaz no serviría únicamente para conseguir información sobre quienes ejecutan delitos en los niveles inferiores de una organización.
Un colaborador podría aportar datos que permitan reconstruir cadenas de mando, identificar participantes, establecer movimientos financieros o conducir una investigación hacia otros integrantes de una estructura.
Precisamente allí radica la importancia que especialistas atribuyen al mecanismo: no quedarse únicamente con quien capturan.
Es ir más allá y utilizar información comprobable para intentar avanzar hacia el resto de la organización.

Hacerlos hablar tiene un costo
Nelson Castañeda, director de Seguridad y Justicia de la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ), considera que Honduras necesita configurar el mecanismo, pero advierte que ponerlo en funcionamiento requiere recursos.
“Hay que configurar este mecanismo y esa Ley de Colaboración Eficaz necesita presupuesto, es oneroso, pero se ocupa para desmantelar estructuras criminales”, expresó Castañeda.
El dinero no sería solamente para desarrollar la estructura institucional necesaria. Existe otro punto crítico: qué ocurre con la persona después de entregar información capaz de comprometer a una organización criminal.
Especialistas advierten que aplicar la colaboración eficaz sin un programa sólido de protección colocaría en riesgo a quienes decidan proporcionar información.
Por eso, aprobar la ley sin garantizar seguridad para colaboradores y testigos podría dejar incompleto el mecanismo.
Obtener información es apenas una parte; proteger a quien la proporciona y conseguir que pueda sostener su declaración durante el proceso judicial es otra.

Una herramienta pendiente frente al crimen
La Ley de Colaboración Eficaz se planteó en Honduras, pero los intentos no consiguen convertirla en una normativa que defina con precisión cómo operará el mecanismo.
Mientras eso ocurre, la persecución penal enfrenta estructuras cuya fortaleza está precisamente en su organización.
Son distintos niveles de mando, operadores, intermediarios y personas que conocen solo determinadas piezas del engranaje.
La colaboración eficaz busca aprovechar una de esas grietas: que alguien desde dentro hable y su información suba a otros peldaños de la estructura criminal.
Castañeda considera que contar con ese instrumento es una deuda dentro del sistema judicial y de persecución penal hondureño.
El desafío, entonces, va más allá de aprobar otro texto legal, Honduras tendría que definir quién puede colaborar, qué beneficios puede recibir, cómo se verificará la información que entregue.
Pero especialmente, cómo será protegido cuando sus revelaciones alcancen a estructuras capaces de tomar represalias.
Porque una ley puede conseguir que alguien decida hablar, el verdadero reto comienza cuando lo que diga toque a quienes hasta entonces permanecían fuera del alcance de la investigación.
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