No era una figura visible y tampoco necesitaba exponerse. Bastó una llamada, un mensaje, una advertencia seca para que el miedo hiciera el resto.
En Comayagüela, el nombre de “La Madre” comenzó a circular en voz baja, entre conductores, dueños de pulperías y pequeños comerciantes que aprendieron a pagar antes de preguntar.
Cada semana tenía su precio y también, cada silencio, su costo y detrás de ese cobro constante no había improvisación, sino un esquema calculado.
Eran rutas marcadas, víctimas identificadas y un sistema de presión que convertía la extorsión en una rutina obligada para sobrevivir.
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"La Madre", extorsión con sello de la Pandilla 18
Cinthya Carolina Pineda Díaz, de 40 años, no operó sola dice la Policía Nacional. Según las investigaciones, su rol dentro de la estructura de la Pandilla 18 era claro: cobrar.
Y lo hacía con presión, "La Madre" cobró con amenaza y exigía pagos semanales a transportistas y negocios en sectores como Villa Adela.
Esta mujer les advertía que el incumplimiento no solo significaba problemas… sino consecuencias directas contra la vida de las víctimas o sus familias.
Detrás de cada mensaje dicen los policías que había algo más que palabras: el respaldo de una estructura criminal lista para ejecutar.

Las denuncias rompieron el silencio
Durante meses, el miedo contuvo a las víctimas, pero las llamadas a la línea 143 comenzaron a acumularse.
Eran historias repetidas, nombres que coincidían y métodos idénticos los que utilizó para amenazar.
Fue ese patrón el que permitió a la Dirección Policial Anti Maras y Pandillas Contra el Crimen Organizado (Dipampco) seguirle la pista hasta ubicarla en la colonia Centroamericana.
La captura no fue casual, fue el resultado de vigilancia, seguimiento y de un silencio que finalmente se quebró.
El dinero, la prueba y la caída
Al momento de su detención, alias “La Madre” tenía en su poder dinero en efectivo, presuntamente producto de las extorsiones, y un teléfono celular que habría servido como herramienta de intimidación.
Elementos simples, pero suficientes para reconstruir el mecanismo: cobro, amenaza, control.
Ahora enfrenta el proceso judicial bajo la coordinación de la Fiscalía Especial Contra el Crimen Organizado (FESCCO).

Un golpe, pero no el final
La caída de “La Madre” desarticula una pieza dentro del engranaje, pero no desmonta la estructura.
Porque en barrios como Villa Adela, la extorsión no es un hecho aislado: es un sistema que se adapta, se mueve y se reorganiza.
Y mientras el miedo siga teniendo precio, siempre habrá alguien dispuesto a cobrarlo y esta vez, cayó "La Madre".
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