La masacre en la aldea Rigores, en Trujillo, Colón, deja algo más que escenas de terror y familias destrozadas. Con el avance de las identificaciones, se confirmó que al menos nueve de las víctimas pertenecían a tres empresas asociativas campesinas del Movimiento Campesino de Rigores, una organización con más de 16 años de presencia en el Bajo Aguán.
Esas nueve víctimas, de una cifra de fallecidos que aún no se confirman oficialmente en la tragedia, según pobladores eran integrantes de las empresas asociativas campesinas 23 de Mayo, San José y Las Uvas.
Son grupos campesinos que durante años han sostenido labores agrícolas en una de las regiones más conflictivas de Honduras.
En la zona crece el dolor por el golpe que la masacre dejó sobre esas estructuras campesinas.
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El dolor golpea a tres empresas asociativas campesinas en Rigores
En las empresas asociativas 23 de Mayo, San José y Las Uvas, el silencio comenzó a instalarse entre familias que unas, recogieron los cuerpos, otros, buscan respuestas y tratan de entender cómo varios de sus compañeros murieron.
El ataque no solo dejó luto dentro de varias viviendas, alcanzó de lleno a organizaciones campesinas completas que hoy intentan asimilar la pérdida de varios de sus integrantes.
“Es doloroso, hay impotencia. Estamos cansados de la violencia en esta zona; ya es hora de frenar el accionar de estos grupos”, expresó una pobladora del Aguán.

Familias piden ayuda para sepultar a las víctimas
En medio del dolor, familiares de las víctimas hacen un llamado urgente a autoridades y organizaciones sociales para recibir apoyo económico y comprar los ataúdes.
Las familias aseguran que muchas de las víctimas eran personas de escasos recursos que trabajaban diariamente en labores agrícolas para sostener a sus hogares.
“Se necesita apoyo para dar un entierro digno a estos hombres y mujeres que fueron asesinados”, expresó un poblador.
Hoy, mientras Rigores intenta entender lo ocurrido, tres empresas asociativas campesinas comienzan a contar a sus muertos en una de las jornadas más sangrientas que vuelve a golpear al Bajo Aguán.

Persiste incertidumbre sobre la identidad de las víctimas
La situación se volvió más compleja en la aldea Rigores, debido a que familiares y pobladores retiraron varios de los cuerpos poco después del ataque, en medio de escenas de desesperación y dolor.
Esa situación dificulta establecer con precisión la cantidad total de fallecidos y obtener un registro oficial completo de las personas asesinadas.
Hasta ahora, únicamente se conoce que al menos nueve de las víctimas pertenecían a las empresas asociativas campesinas 23 de Mayo, San José y Las Uvas, vinculadas al Movimiento Campesino de Rigores.
En Rigores, la tragedia dejó a familias enteras buscando respuestas mientras el miedo sigue recorriendo la comunidad.
Entre el llanto, la necesidad de apoyo para los entierros y la incertidumbre sobre quiénes murieron realmente en la masacre, el Bajo Aguán queda marcado por una violencia que parece no tener final.
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