La madrugada del 23 de enero de 2008 dejó una masacre que marcó a San Pedro Sula.
Lo que entonces parecía otro ajuste de cuentas ocurrido en el estacionamiento del centro nocturno Bailables del Occidente, que se ubicó en la salida hacia Cofradía, terminó años después formando parte de un expediente judicial en Estados Unidos que retrató la maquinaria criminal de 'Los Cachiros'.
Aquella escena no solo quedó en los registros policiales hondureños, también la reconstruyeron fiscales de la Corte del Distrito Sur de Nueva York.
Los fiscales ilustraron la cadena de homicidios, corrupción y narcotráfico que acompañó el crecimiento del cartel hondureño.
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La masacre: cinco muertos en cuestión de minutos
Las víctimas llegaron al establecimiento en cuatro vehículos y minutos después, el estacionamiento se convirtió en un campo de disparos.
Tres cadáveres quedaron en la paila de una Toyota Hilux, otro permaneció tendido sobre la carretera y un quinto falleció cuando era trasladado, junto a un sobreviviente gravemente herido, hacia el Hospital Mario Rivas de San Pedro Sula.
Los investigadores encontraron en la escena casquillos de pistolas calibre nueve milímetros y de fusil.
Además, uno de los automóviles presentaba los vidrios destrozados por la lluvia de disparos.
Dentro del negocio únicamente permanecían dos guardias de seguridad y durante la inspección, la Policía decomisó un fusil M-16 y una escopeta que, según se informó entonces, pertenecían al personal de vigilancia.

El sospechoso que terminó libre
En los primeros días de la investigación, el Ministerio Público capturó al propietario del centro nocturno, Pablo Ramón Cruz, acusado de asesinato.
Sin embargo, el proceso dio un giro inesperado cuando un testigo protegido se retractó de su declaración.
Esa decisión provocó que un juez le dictara sobreseimiento provisional y recuperara la libertad y con el paso de los años, la investigación tomó otro rumbo.
El exoficial que apareció en el expediente de Los Cachiros
Las pesquisas posteriores identificaron como uno de los participantes en la masacre a Carlos Alberto Valladares García, exoficial de la Policía Nacional.
Su nombre volvió a cobrar relevancia cuando lo extraditaron y sentenciaron en Nueva York por colaborar con organizaciones dedicadas al narcotráfico.
Para la justicia estadounidense, la masacre de Bailables del Occidente no fue un hecho aislado, sino uno de los episodios que reflejaron la violencia utilizada por 'Los Cachiros' para proteger sus intereses criminales y eliminar rivales.

Un crimen con dos versiones
Desde el principio, la Policía manejó dos hipótesis: la primera sostenía que dentro del grupo de asistentes se produjo un enfrentamiento armado que terminó en la matanza.
La segunda apuntó a que los ocupantes de otro vehículo llegaron hasta el estacionamiento y abrieron fuego directamente contra las víctimas antes de escapar.
En ambos escenarios, las autoridades concluyeron que el móvil más sólido era un ajuste de cuentas relacionado con el narcotráfico.
Esa fue una teoría que años después encontró eco en los procesos judiciales desarrollados en Estados Unidos.
Dieciocho años después, la sangre derramada en el parqueo de Bailables del Occidente recuerda que algunos crímenes nunca quedaron encerrados en un expediente hondureño.
El caso cruzó fronteras y fue una pieza más del rompecabezas con el que fiscales estadounidenses reconstruyeron la historia criminal de 'Los Cachiros'.
Esta fue una organización cuya influencia se extendió mucho más allá de las rutas de la droga.
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