El resurgimiento del gusano barrenador del ganado, una larva que invade animales de sangre caliente, incluidos humanos, se convierte en una seria amenaza para Centroamérica.

Según el último informe presentado por el Organismo Internacional Regional de Sanidad Agropecuaria (OIRSA) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (Woah), ya se contabilizan 66,493 casos en la región.

El problema no es nuevo, pero su reaparición enciende las alarmas, pues no solo afecta a la economía agropecuaria, sino también a la salud pública.

Honduras: la amenaza ya es real

Aunque los primeros brotes se detectaron en Panamá en 2023, Honduras confirmó la presencia del gusano barrenador en septiembre de 2024, y desde entonces los casos no dejan de aumentar.

Hasta la primera semana de marzo de 2025, el país acumuló 863 casos en animales, de los cuales el 87.3 % corresponde a bovinos, base fundamental de la economía rural.

Además, Senasa reportó 15 casos en humanos, aunque se teme que esa cifra esté subestimada.

“El impacto no es solo productivo. Este tipo de infestación puede generar necrosis en los tejidos y, sin tratamiento adecuado, incluso la muerte”, alertó un veterinario de la región occidental del país, donde se concentran los casos.

Gusano barrenador
Ganaderos piden acciones para detener el avance del gusano barrenador en Honduras. Foto creada con IA.

Olancho

Milton Mejía, ganadero de Olancho, expresó su preocupación por el impacto del gusano barrenador en el hato ganadero.

Señaló que las zonas de Talgua, Juticalpa, Catacamas y Dulce Nombre de Culmí son las más afectadas, con un notable aumento de casos en las últimas semanas.

Asimismo, lamentó que hasta el momento el gobierno no ha presentado una respuesta concreta ante el avance de la plaga, lo que genera incertidumbre entre los productores.

Panamá, el epicentro de la plaga

Con más de 37,697 contagios, Panamá representa el 56.9 % de los casos regionales. Fue el primer país en confirmar el rebrote y, hasta la fecha, también encabeza las cifras de contagios en humanos, con 117 casos confirmados.

La Comisión Panamá-Estados Unidos para la Erradicación y Prevención del Gusano Barrenador del Ganado (Copeg) desplegó una ofensiva sanitaria, pero los esfuerzos aún no logran contener del todo la expansión.

Centroamérica en riesgo

El brote no se detiene en Panamá. Costa Rica ya acumula 16,325 casos, Nicaragua 13,945, El Salvador 356, Guatemala 282 y Belice 25.

La constante es alarmante: en todos los países los bovinos son los más afectados, lo que compromete la producción de carne y leche, dos pilares económicos y alimentarios de la región.

Además, los casos en humanos que totalizan al menos 251 personas afectadas exponen una dimensión sanitaria más compleja y urgente.

En zonas rurales, la atención médica oportuna es escasa, lo que agrava el impacto de la infestación.

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Un problema que exige respuesta regional

El avance del gusano barrenador pone en evidencia la vulnerabilidad sanitaria de la región.

La movilidad del ganado, la debilidad de los controles fronterizos y el clima tropical facilitan su propagación.

Organismos como OIRSA y Woah insisten en que la única forma de contener el brote es mediante una acción regional coordinada que incluya vigilancia, tratamiento, campañas de sensibilización y control del movimiento de animales.

Honduras, en particular, enfrenta el desafío de evitar que el brote se convierta en epidemia, mientras busca apoyo técnico y financiero para reforzar la respuesta.

El gusano barrenador amenaza con quedarse. Su impacto va más allá del campo: se extiende a la salud humana, la economía ganadera y la estabilidad alimentaria de millones de familias centroamericanas.

La lucha, advierten los expertos, no puede esperar más, porque el enemigo avanza bajo la piel, y si no se actúa en conjunto, será demasiado tarde.