La quinta jornada del juicio contra Carl Zaglin en la Corte del Distrito Sur de Florida genera gran expectativa.

Este martes podría tomar el estrado Juan Ramón Molina, exdirector de la Tasa de Seguridad, un testigo que se perfila como pieza clave en el caso por sobornos en los contratos de uniformes policiales en Honduras.

De concretarse su comparecencia, Molina aportaría un nuevo nivel de detalle al proceso, conectaría testimonios previos y documentos financieros que ya revelaron cómo Atlanco operó con pagos ilícitos para asegurar contratos millonarios.

Juan Ramón Molina se declaró culpable en julio de 2024 por conspiración para cometer lavado de dinero entre 2015 y 2019.

Marchena reveló ruta de sobornos de Zaglin en contratos

El juicio ya acumula pruebas contundentes. El exbanquero Aldo Marchena presentó al jurado una hoja de cálculo con las transacciones realizadas en 2017, que mostraron transferencias de Atlanco hacia sus cuentas.

Fueron depósitos a empresas en Belice vinculadas a Francisco Cosenza, pagos en efectivo por 98,500 dólares (unos 2.5 millones de lempiras) y una carta de crédito cercana a los 209,000 dólares  (unos 5.4 millones de lempiras) a nombre de Luis Berkman.

El detalle de lo ocurrido en esa audiencia fue descrito por el periodista Samuel Rubenfeld, quien da cobertura al juicio en Miami.

Berkman admitió sobornos y favores a funcionarios hondureños

Otro punto decisivo llegó con el testimonio de Luis Berkman, exvicepresidente de ventas internacionales de Atlanco.

Confesó que pactó sobornos junto a Zaglin y al fallecido presidente Bryan DeHart para asegurar contratos millonarios con el gobierno hondureño.

Berkman relató que los favores a Cosenza incluyeron un viaje de pesca, vuelos pagados y dinero en efectivo entregado en Miami.

Aseguró que cada paso lo compartía con Zaglin, lo que confirmó que el empresario aprobó todas las operaciones ilícitas.

Correos y transferencias confirman el esquema de sobornos de Atlanco

El jurado también conoció cadenas de correos electrónicos en los que Zaglin y Berkman discutían cómo manejar los pagos.

En uno de ellos, Zaglin confirmó una transferencia de 299,000 dólares (unos 7.8 millones de lempiras) a Marchena y preguntó si el dinero había llegado “a las personas que tuvieron la reunión de ayer a las 6 p. m.”.

La respuesta de Berkman fue clara: “Sí, señor, ya lo saben”. Esa frase quedó como evidencia de que los pagos estaban dirigidos a funcionarios hondureños.

Uniformes defectuosos también se resolvieron con sobornos en Honduras

El juicio también sacó a la luz un detalle insólito: los uniformes, botas y fundas que Atlanco entregó a la Policía hondureña resultaron de pésima calidad.

Muchos se deshicieron al primer uso o se destiñeron en el primer lavado. Según Berkman, esas quejas no se resolvieron con reposiciones ni mejoras, sino con sobornos.

El dinero enviado a través de Marchena silenció los reclamos y aseguró la continuidad de los contratos.

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¿Qué está en juego con el testimonio de Molina en el caso de sobornos?

Con este contexto, el posible testimonio de Juan Ramón Molina puede convertirse en el puente que una la documentación de Marchena con la confesión de Berkman.

Su versión podría darle al jurado una visión más completa del esquema de corrupción que vistió a la Policía hondureña con contratos manchados por sobornos.

Carl Zaglin enfrenta tres cargos, incluido violar la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero (FCPA).

El caso seguirá varias semanas, pero la quinta jornada podría ser un punto de inflexión si Molina finalmente sube al estrado.