En los últimos meses, cuerpos policiales de Honduras detectan una nueva modalidad de estafas que no requiere armas ni amenazas: basta una conexión a internet y una mentira creíble.

Grupos criminales, principalmente de Guatemala y Colombia, reclutan a hondureños para ejecutar fraudes sin que ellos lo sepan.

El esquema arranca en redes sociales, donde los delincuentes se presentan como empresarios o representantes de instituciones reales.

Ofrecen trabajos administrativos “remotos” con salarios altos y pocas exigencias: un teléfono móvil, internet y disposición para “colaborar” desde casa.

Entrevistas falsas y las estafas

El engaño es meticuloso. Los supuestos empleadores realizan entrevistas por videollamadas o chats, piden datos personales y referencias, y hacen creer que el candidato será “la persona de confianza” en Honduras.

“Ellos no están en el país, pero necesitan a alguien que gestione operaciones locales”, detalló Mario Fu, portavoz de la Dirección Policial Antimaras y Pandillas Contra el Crimen Organizado (Dipampco).

El siguiente paso es pedir que se abra una cuenta bancaria “para agilizar pagos”. Luego llega el primer depósito: por ejemplo, 5,000 lempiras.

La instrucción es enviar 4,500 a otra cuenta y quedarse con 500 como “anticipo de salario”.

De víctima a cómplice

Las transacciones pequeñas generan confianza. Luego, la red mueve montos mayores, como 50,000 lempiras, hacia cuentas controladas por los delincuentes en el extranjero.

En ese momento, el hondureño que reclutan ya no es solo víctima: es el intermediario clave para completar las estafas.

“Cuando el fraude se concreta, esa persona queda como responsable legal y debe probar ante un juez que también fue engañada”, advirtió Fu.

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Una advertencia urgente

La Dipampco insiste: no aceptar empleos que solo se gestionen en línea sin entrevistas presenciales.

Las estafas digitales se alimentan de la credibilidad y la necesidad económica, y aunque los criminales estén fuera del país, la carga legal recae sobre quienes prestaron su nombre y su cuenta bancaria.

En esta red invisible, la oportunidad laboral es el cebo y la ingenuidad, el hilo conductor.

Lo que empieza como un trabajo soñado termina como un fraude que deja a las víctimas atrapadas entre la justicia y los verdaderos responsables, ocultos tras la pantalla.