La tormenta puede formarse a cientos de kilómetros y la lluvia puede caer durante horas. Un río puede crecer y una ladera puede ceder.

Pero cuando el agua entra a una vivienda, una carretera queda incomunicada o una familia pierde todo, la explicación no siempre termina en la naturaleza.

El desastre pudo comenzar mucho antes de que apareciera la primera nube. Esa es la diferencia detrás de un cambio de lenguaje que parece pequeño, pero modifica la manera de entender las emergencias.

Organismos internacionales y especialistas en gestión del riesgo dejaron de utilizar cada vez más la expresión “desastres naturales”.

La razón es sencilla: natural puede ser la amenaza. El desastre surge de la combinación de esa amenaza con personas, infraestructura y bienes expuestos y vulnerables.

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La tormenta no construyó la casa junto al río

Un huracán es un fenómeno natural, también lo son un terremoto, una erupción volcánica o determinadas lluvias intensas.

Pero ninguno decide dónde se construyen las viviendas, tampoco determina si una comunidad dispone de drenajes adecuados o si existen sistemas de alerta temprana.

No define si las familias tienen rutas de evacuación o si una carretera se levantó en una zona vulnerable.

Ahí aparece una palabra fundamental: riesgo. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) plantea que hablar simplemente de “desastres naturales” puede transmitir la idea de que las consecuencias son inevitables, como si nada pudiera hacerse antes de que ocurrieran.

El problema es que muchas veces sí puede hacerse.

los términos

El desastre empieza antes

Imagine dos comunidades enfrentándose a la misma tormenta, en una existen sistemas de alerta, viviendas resistentes, rutas de evacuación y conocimiento sobre las zonas que pueden inundarse.

En la otra, las casas se levantaron cerca de una quebrada, los drenajes son insuficientes y las familias reciben la advertencia cuando el agua prácticamente entra.

La tormenta puede ser la misma, pero el resultado probablemente no lo será. Por eso, el concepto de riesgo incorpora elementos que existen antes del fenómeno: exposición, vulnerabilidad y capacidad para responder.

Una lluvia intensa encuentra lo que las sociedades construyeron —o dejaron de resolver— durante años.

Honduras conoce demasiado bien esa diferencia

En Honduras, cada temporada lluviosa coloca bajo presión comunidades cercanas a ríos y quebradas, carreteras susceptibles a derrumbes, cultivos expuestos y viviendas asentadas en laderas.

Cuando las precipitaciones aumentan, algunas quebradas cortan pasos y determinados sectores quedan temporalmente incomunicados.

Entonces aparece la emergencia, pero el riesgo llegó antes de la lluvia y estaba en la vivienda expuesta, en el terreno vulnerable, en la infraestructura insuficiente o en una comunidad con pocas posibilidades de protegerse.

Eso no significa que todos los daños puedan evitarse ni que fenómenos extremos dejen de tener una enorme capacidad destructiva.

Significa algo diferente: la magnitud del desastre no depende exclusivamente de la fuerza de la naturaleza.

desastre o riesgo
La población cada vez es más consciente de que la adaptación es un imperativo estratégico en un país como Honduras, altamente vulnerable ante los impactos del cambio climático. Foto: EFE.

Dejar de culpar únicamente al cielo

Cambiar el lenguaje también cambia las preguntas, si todo se resume en un “desastre natural”, después de una inundación la explicación puede limitarse a cuánto llovió.

Si se analiza el riesgo, aparecen otras preguntas: ¿Qué había en la zona antes de la tormenta?.

¿Por qué estaba expuesto?, ¿existían alertas?, ¿había obras de mitigación?, ¿podían evacuar las familias?

La diferencia importa porque determina dónde se coloca la responsabilidad de prevenir.

No se puede impedir que llueva, tampoco detener un terremoto o ordenar que un huracán cambie su trayectoria.

Pero sí es posible reducir parte de la vulnerabilidad que esos fenómenos encontrarán cuando lleguen.

El cambio

El cambio de “desastres naturales” a una mirada centrada en el riesgo no pretende negar la fuerza de la naturaleza.

Todo eso estaba allí y la tormenta simplemente lo encontró, porque la tormenta puede llegar del cielo, pero buena parte de la historia del desastre se escribió en tierra mucho antes de que comenzara a llover.

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