Tres meses han pasado desde que Mario Alexander Alarcón abordó su vehículo gris para realizar una carrera que parecía una más dentro de su rutina como taxista VIP en San Pedro Sula, pero está desaparecido.

Aquel recorrido hacia la colonia Planeta en La Lima, se convirtió en un misterio que atormenta a su familia y mantiene abiertas más preguntas que respuestas.

El reloj marcó las cinco de la tarde del martes 10 de marzo de 2026 cuando Mario salió a cumplir con el servicio.

Nadie imaginó que esa sería la última vez que sus seres queridos tendrían noticias de él.

Desde entonces, su nombre se sumó a la dolorosa lista de personas desaparecidas en Honduras.

Mientras el tiempo avanza sin que aparezca una pista contundente capaz de explicar qué ocurrió aquella tarde.

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Mario y una ruta común que lo mantiene desaparecido

Según relatan familiares, Mario se dirigía hacia la colonia Planeta para llevar un pasajero, cuando desapareció.

Después de ese viaje, toda comunicación se perdió. "Su teléfono dejó de responder y no volvió a reportarse con nadie y tampoco regresó a casa", dice un familiar.

Las horas iniciales dieron paso a días de búsqueda frenética, luego llegaron las semanas. Hoy ya se cuentan tres meses marcados por la angustia y la incertidumbre.

Cada jornada sin noticias representa un nuevo golpe para una familia que sigue aferrada a la esperanza de encontrarlo.

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El vehículo en el que Mario Alexander Alarcón ofrecía sus servicios como taxista VIP. Foto: cortesía.

Tres meses sin respuestas

La desaparición de Mario no solo dejó una silla vacía en su hogar, también abrió una herida que sigue sin cerrar.

Familiares y amigos difunden fotografías, solicitan ayuda ciudadana y mantienen viva la búsqueda con la esperanza de que alguien pueda aportar información que permita reconstruir sus últimos movimientos.

Sin embargo, el caso continúa envuelto en sombras. Aunque las autoridades mantienen abiertas las investigaciones, hasta ahora no brindan elementos que permitan esclarecer qué ocurrió con el joven originario de Ocotepeque.

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La espera que parece interminable

Para quienes buscan a un desaparecido, el tiempo adquiere otra dimensión. Tres meses pueden parecer un período breve para una investigación, pero para una familia significan noventa días de incertidumbre.

Son noventa días revisando teléfonos, atendiendo llamadas inesperadas y aferrándose a cualquier información que pueda conducir a una respuesta.

Mientras las autoridades continúan con las diligencias, la familia de Mario espera que el misterio de aquella última carrera llegue a su fin.

Porque detrás de cada fotografía compartida y cada publicación difundida hay una pregunta que sigue sin respuesta desde aquella tarde del 10 de marzo: ¿qué pasó con Mario Alexander Alarcón?

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