Una lancha rápida se mueve por el Caribe con toneladas de cocaína. Meses después, otra aparece en los bancos de pesca Rosalinda con más droga y colombianos a bordo.
En tierra, un taller es allanado y aparecen cocaína, dinero y vehículos con compartimientos ocultos. Mientras, en un aeropuerto, tres colombianos intentan salir de Honduras con casi 100 mil dólares.
Los expedientes cambian de fecha, nombres y cantidades, pero una pieza constante: colombianos vinculados por las autoridades hondureñas a operaciones de narcotráfico, logística y movimientos de dinero.
No es es que una nacionalidad sea sinónimo de delito: son las estadísticas policiales que muestran colombianos detenidos también por ilícitos financieros y otros delitos.
Sin embargo, cuando se revisan algunos de los mayores golpes al narcotráfico de los últimos años, la participación de colombianos aparece de forma reiterada, especialmente en las rutas marítimas del Caribe hondureño.
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Colombianos y toneladas de cocaína en Honduras
Uno de los expedientes más recientes terminó en abril de 2026, a Álvaro Castro Escalante, Laider Castro Morales, Luis Antonio Polo Silva, Gorji Otero Pomares y Jorge Alfredo Colemer Haylock los condenaron a más de 11 años de prisión por tráfico de drogas agravado. Colemer Haylock posee nacionalidad hondureña.
A los cinco los interceptaron el 29 de septiembre de 2024 en una lancha que transportó 3,993 kilos de cocaína distribuidos en 160 fardos.
La embarcación se localizó en los bancos de pesca Rosalinda, en el Caribe hondureño, después de que información de la Agencia Técnica de Investigación Criminal (ATIC) permitiera a la Fuerza Naval realizar la intercepción.
Aquella lancha llevaba casi cuatro toneladas, pero apenas dos meses antes otra embarcación se encontró prácticamente en el mismo escenario.

La lancha “Timoteo” llevaba otras 4.1 toneladas
El 28 de julio de 2024, una lancha tipo go fast llamada “Timoteo” se interceptó también en los bancos de pesca Rosalinda.
Dentro había 100 fardos con 4,115 kilos de cocaína. La diferencia estuvo en la tripulación: esta vez viajaban juntos hondureños y colombianos.
Los colombianos Rafael García Díaz, Jhindis Villa de la Rosa y Nelson Daniel Ruiz Lara los procesaron junto a los hondureños Nahún Domínguez Aborda y Wilbort Omar Ebanks Balico.
La embarcación la llevaron hasta Puerto Castilla, Trujillo, donde las autoridades realizaron el conteo del cargamento.
Solo esos dos casos dejaron una cifra difícil de ignorar: más de ocho toneladas de cocaína y ocho colombianos involucrados, uno de ellos con doble nacionalidad hondureña.
Pero el rastro venía de antes.
Cuatro colombianos viajaban con casi dos toneladas
En diciembre de 2022, las autoridades hondureñas interceptaron otro bote go fast, esta vez entre las costas de Claura y Paplaya, Gracias a Dios.
Transportaba 1,947 kilos de cocaína. A bordo iban cuatro colombianos: Rubén Darío Matoza Cortés, Rafael Eduardo Ramón Pérez, David Parra Alzote y Rafael Enrique Fernández Pérez.
Estuvieron acompañados por los hondureños Ronal Wood Kenricks y Marvin Antonio Echeverría Calderón.
Los seis terminaron condenados a 10 años de prisión y el expediente dejó además una pista sobre cómo se persiguen estas rutas.
La operación surgió de un intercambio de información entre autoridades colombianas y la ATIC de Honduras, que posteriormente coordinó la interceptación con la Fuerza Naval.
Las cifras globales del Ministerio Público ayudan a dimensionar el fenómeno. Durante 2024, la Fiscalía obtuvo condenas por tráfico de drogas agravado contra 36 personas vinculadas a cargamentos a gran escala: 23 hondureños, 10 colombianos y tres venezolanos.
En esas operaciones se incautó 17,303 kilos de cocaína.

La conexión colombiana no termina en las lanchas
El mar muestra una parte de la operación, pero los expedientes también llevaron a las autoridades hasta tierra firme.
En septiembre de 2025, la Dirección de Lucha Contra el Narcotráfico allanó un taller en el barrio Las Flores de San Pedro Sula.
Allí decomisaron 12 kilos de cocaína y L746,730 en efectivo. Las autoridades encontraron además vehículos con compartimientos ocultos.
Entre los procesados figuró el colombiano Cristian Camilo Valero, junto a los hondureños Carlos Alexander Juárez Bonilla y Marco Antonio Tábora Ayala.
El escenario cambió: ya no era una lancha en alta mar cargada con toneladas, sino un inmueble en San Pedro Sula donde las autoridades encontraron droga, efectivo y posibles mecanismos para ocultar cargamentos.
Y todavía faltaba otra pieza: los dólares.

Casi 100 mil dólares en una maleta
En noviembre de 2024, Rafael Arturo Solórzano Castillo, Katherin Jimena Veraz Díaz y Mario Andrés Rodríguez Chaparro los deutvierons en el aeropuerto Ramón Villeda Morales cuando pretendían viajar con destino a Perú.
Los tres eran colombianos, eEn una maleta llevaban 95,980 dólares y 565 mil pesos colombianos, ocultos entre objetos que simulaban ropa.
La investigación de la Fiscalía Especial Contra el Crimen Organizado y la DLCN apuntó a que los detenidos podrían estar ligados a estructuras colombianas operando en Honduras.
Esas redes las investigaron por actividades relacionadas con extorsión y tráfico de drogas hacia Guatemala, México y Estados Unidos.
Así, el dinero agregó otra dimensión a una ruta que hasta entonces parecía dibujarse principalmente sobre el mar.
Honduras aparece como puente
La conexión va incluso más allá de los hombres capturados, en 2024, el Ministerio Público investigó en Honduras una estructura presuntamente dirigida por Luis Alberto Madsen Puerto.
Puerto es un hondureño preso en Colombia y señalado como socio del colombiano Juan Carlos Cuesta Córdoba, alias “Gordo Rufla”, identificado por las autoridades como cabecilla del Clan del Golfo y extraditado a Estados Unidos.
Según la ATIC, aquella organización utilizó lanchas rápidas y embarcaciones pesqueras para transportar cocaína .
Tenía capacidad para coordinar el envío mensual de aproximadamente seis toneladas, recibidas en Atlántida, Colón y Gracias a Dios.
Los expedientes dejan así una ruta que se repite: Colombia, el Caribe hondureño, La Mosquitia, Atlántida y Colón.
Son zonas que aparecen conectadas en investigaciones sobre cargamentos que posteriormente buscan continuar hacia el norte.
Las lanchas muestran la droga, los allanamientos descubren la logística y los aeropuertos dejan ver el movimiento del dinero.
Y cuando las autoridades hondureñas juntan esas piezas, una conexión vuelve a aparecer en varios de los grandes expedientes: colombianos que terminan en prisión, con sentencias en Honduras.
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