Tras ocho semanas de angustia, oraciones y un proceso legal incierto, el hondureño Luis Hernández logró evitar la deportación y se reencontró con su familia en Estados Unidos, en lo que él mismo describe como "un milagro de Dios".

Luis, de 40 años, fue detenido por agentes de ICE en junio pasado, luego de ser confundido con otra persona. Según relató su esposa, Maye Méndez, él mostró su pasaporte, su solicitud aprobada de inmigración y comprobantes de que ya había asistido a su cita de huellas. Sin embargo, nada de eso fue suficiente. "No se lo valieron", dijo Méndez en entrevista con Primer Impacto.

La detención de Luis sumió a toda la familia en una profunda tristeza. "De la noche a la mañana se nos acabó nuestra alegría, nuestra felicidad", expresó Maye entre lágrimas. "Que me lo regresen pronto, para que se termine todo este sufrimiento, porque es un dolor que duele el alma".

Luis fue arrestado por conducir sin licencia, lo que complicó aún más su situación legal. Según explicó el abogado de inmigración Juan González, en el contexto actual, errores como ese pueden ser determinantes: "Si no tienes que tú ir a ninguna parte, no lo hagas... No cargues contigo cosas que te identifiquen que no eres de este país", recomendó durante el reportaje.

Aunque las autoridades estaban buscando a otra persona —que compartía la dirección del domicilio de Luis—, fue él quien terminó detenido. "Lamentablemente, le tocó a mi esposo", lamentó Maye.

Los hijos de Luis Hernández hijos sufrían y pedían su regreso

En casa, el vacío se hacía sentir. Sus hijos, todos ciudadanos estadounidenses, no entendían la ausencia repentina de su padre. "Él me crió... Estuve con él casi todos los años de mi vida. Le quiero mucho. Él es mi papá de mi corazón", dijo Dorian, de 15 años, hijo de crianza. Luis Junior, de 7, añadió con esperanza: "Quiero que esté pronto con nosotros".

Finalmente, luego de ocho semanas de incertidumbre, un juez canceló la orden de deportación y autorizó su liberación. Primer Impacto fue testigo del emotivo reencuentro. "Estoy feliz porque voy a estar con mi familia", dijo Luis visiblemente emocionado. "El tiempo que estuve aquí, me hicieron mucha falta", agregó.

Luis confesó que hubo momentos en los que pensó rendirse: "Llegué al punto de decirle [a mi esposa], sabes qué, yo voy a firmar la deportación". Pero ella lo animó a seguir luchando. "Si nosotros estamos apoyando desde aquí afuera, ¿cómo tú vas a firmar la deportación?", le recordó Maye. Ese apoyo fue crucial para resistir.

Con lágrimas, Luis concluyó: "Todo esto fue un milagro de Dios... y también quiero agradecerle a la abogada que luchó por sacarnos".

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