Contar lo que ocurre en Honduras se volvió una tarea de alto riesgo. En los últimos tres años, a 13 periodistas y trabajadores de medios los asesinaron, y decenas más denuncian amenazas, acoso o desplazamiento forzado. La libertad de expresión está en riesgo.

Lejos de retroceder, la violencia contra quienes ejercen el periodismo sigue en aumento.

El Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (Conadeh) documenta esta grave realidad.

Su delegado adjunto, Ricardo López, es contundente: “Los periodistas no deben ser agredidos ni perseguidos por nadie, ni por particulares ni por agentes del Estado. El Estado debe proteger la libertad de expresión”.

Conadeh: las cifras que evidencian riesgo para periodistas en Honduras

Entre 2022 y 2024, el Conadeh recibió 67 quejas de periodistas en situación de riesgo.

En el 75% de los casos, las víctimas denunciaron ser amenazadas y temer por su vida. En lo que va del 2025, casi una veintena de trabajadores de medios se presentaron ante la institución, la mayoría por amenazas directas.

Uno de los aspectos más preocupantes es que en el 45% de los casos los comunicadores no saben quién los amenaza.

Ese anonimato alimenta la impunidad y refuerza la sensación de vulnerabilidad entre los miembros del gremio.

Pero las amenazas no son abstractas. Entre 2022 y junio de 2025, a 13 periodistas los asesinaron en nueve departamentos del país.

Tres en Francisco Morazán, dos en Cortés, dos en Choluteca, y uno en Atlántida, Lempira, Santa Bárbara, Olancho, El Paraíso y Copán. La mayoría de estos crímenes siguen impunes.

La libertad de expresión se tambalea en Honduras

El Conadeh advierte que estos ataques no solo afectan a los periodistas, sino que atentan contra el derecho de toda la ciudadanía a estar informada.

“Quien silencia a un periodista también silencia a una comunidad entera”, expresó López.

La libertad de expresión es una de las piedras angulares de la democracia. Sin ella, el control ciudadano desaparece, la corrupción se fortalece y el miedo se convierte en ley.

La violencia también tiene efectos menos visibles pero igualmente dañinos: la autocensura, el abandono del oficio, el exilio.

Varios comunicadores tuvieron que desplazarse dentro del país para proteger su integridad, mientras otros viven en el limbo del miedo diario.

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Vidas apagadas de periodistas hondureños

Apenas pasaron unos días del Día del Periodista Hondureño, la violencia volvió a cobrar factura.

En Santa Rosa de Copán, Antonio Hércules Salinas, un periodista salvadoreño de 51 años que buscó sobrevivir manejando un taxi, lo acribillaron sin piedad en la colonia Saavedra.

Mientras tanto, en Juticalpa, Olancho, el cuerpo de Carlos Gilberto Aguirre, un cronista deportivo de 68 años, apareció con heridas de arma blanca en el barrio Buenos Aires.

Ambos compartían más que la vocación: murieron por ejercerla en un país donde informar se ha vuelto un acto temerario.

Sus muertes, enlutadas por el silencio oficial, reflejan la crudeza de un oficio que se sigue ejerciendo con pasión, aunque cueste la vida.

El llamado a proteger a quienes informan

El Conadeh dice que la institución está abierta para los comunicadores en riesgo. Pero también llama al Estado hondureño para que no se limite a recibir quejas.

Asegura que se deben garantizar medidas reales de protección, investigar las amenazas y esclarecer los crímenes.

“Proteger la libertad de expresión es proteger la democracia misma”, enfatizó López, quien exhortó a periodistas a denunciar cualquier forma de hostigamiento.

La libertad de expresión en Honduras sangra en silencio. Y mientras asesinen a quienes informan, el país entero pierde su voz.