El horror sacudió a la comunidad de El Chile, en el municipio de Protección, Santa Bárbara, al encontrar sin vida a un joven con el rostro y el cuello destrozados con arma blanca.
El crimen, según las autoridades, fue cometido con crueldad por alguien en quien la víctima confiaba.
Dormía en Santa Bárbara
La madrugada era tranquila en El Chile. Edwar Edgardo Rivera Barrera, de apenas 21 años, dormía dentro de una humilde barraca acondicionada para la crianza de pollos.
Allí, entre mallas, olor a aserrín y el sueño acumulado tras una jornada laboral, lo sorprendió la muerte.
Con saña, según relataron fuentes policiales, alguien lo atacó mientras dormía. No tuvo oportunidad de defenderse.
Recibió múltiples heridas con arma blanca, profundas y dirigidas con precisión brutal al rostro, cuello y tórax.
Quienes lo encontraron al amanecer apenas podían creer la escena. A un lado, rastros de sangre y silencio. Mucho silencio.
"Era su amigo": el presunto asesino
Las primeras pesquisas apuntan a alguien cercano. No tardó en salir un nombre: un supuesto amigo y compañero de trabajo, con quien Edwar compartía faenas y, según algunos vecinos, también techo ocasional.
A él se le atribuye el crimen, cometido con suma crueldad y frialdad. Pero el agresor no actuó solo, dijeron.
Tras el asesinato, escapó con su pareja en una motocicleta. Sin embargo, el intento de fuga fue breve.
Los interceptaron las autoridades en la comunidad de Nueva Arcadia, Copán, gracias a la alerta inmediata que se difundió en la zona.
Una comunidad impactada
La noticia del asesinato se esparció rápido por Protección. Edwar, aunque joven, era conocido por su carácter tranquilo y por no meterse con nadie, según dijeron algunos pobladores.
Su muerte, tan violenta y cobarde, deja una herida abierta. "Esto nos estremeció. ¿Cómo puede alguien hacer eso mientras otro duerme?", dijo entre lágrimas una vecina que prefirió el anonimato.
Otros exigen justicia y que no se diluya la investigación, como suele pasar en zonas donde la impunidad es la norma.
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Santa Bárbara, marcada por la violencia
El crimen de Edwar Rivera no es un hecho aislado. Santa Bárbara, como muchos departamentos del occidente hondureño, arrastra una ola de violencia que en ocasiones se mezcla con traiciones personales, ajustes de cuentas o disputas invisibles.
La saña con que se ejecutó este crimen lo coloca entre los más atroces ocurridos en los últimos meses.
La Policía Nacional prometió que el caso no quedará impune. Al presunto asesino lo detuvieron, y se espera que en las próximas horas se le presenten cargos formales.
La comunidad, por su parte, espera el cuerpo de Edwar para, entre oraciones y rabia contenida, darle sepultura.
El crimen, que ocurrió mientras la víctima dormía, es un recordatorio del nivel de crueldad al que puede descender una sociedad cuando se pierde el respeto por la vida.
En Santa Bárbara, esta muerte marca, es una advertencia: nadie está a salvo, ni siquiera en su lecho de descanso.
