Durante años, el apellido Pinto es sinónimo de poder económico en el occidente de Honduras. Ganadería, agricultura, empresas, propiedades y vehículos formaron parte de un patrimonio que creció mientras las autoridades acumularon investigaciones sobre presuntos vínculos con estructuras del narcotráfico.
Ahora, más de una década después de que el Estado comenzara a seguirles la pista, una nueva acción de privación de dominio golpea de nuevo el patrimonio asociado a este núcleo familiar.
El Ministerio Público ejecutó el aseguramiento de 104 bienes en Copán, Lempira y Ocotepeque, entre ellos 19 inmuebles, 40 vehículos, 38 productos financieros y siete empresas mercantiles.
Las investigaciones sostienen que una parte importante de los recursos movilizados por los investigados no se justificó.
Según un informe de la Unidad de Inteligencia Financiera de la Comisión Nacional de Bancos y Seguros (CNBS), el principal acusado movilizó más de 1,600 millones de lempiras en el sistema financiero nacional.
Sin embargo, los análisis detectaron más de 418 millones de lempiras cuyo origen no se acreditó documentalmente.
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Los Pinto, un apellido que apareció una y otra vez
La historia de Los Pinto dentro de los expedientes de las autoridades no comenzó este año.
Uno de los nombres más conocidos de la familia fue el de Héctor Hugo Pinto Aguilar, exdiputado por Copán y hermano de Orlando Pinto Espino y José Daniel Pinto Aguilar.
Son tres figuras que durante años las vincularon las autoridades a investigaciones relacionadas con narcotráfico y lavado de activos.
La notoriedad pública de la familia aumentó en mayo de 2015, cuando el Ministerio Público ejecutó la Operación Errabundo.
En aquella ocasión les aseguraron decenas de bienes inmuebles, vehículos, sociedades mercantiles y productos bancarios vinculados a integrantes del clan.
Las investigaciones apuntaron a presuntos nexos con la estructura de los hermanos Valle Valle, una de las organizaciones criminales más poderosas que operó en Honduras.
La muerte violenta de Hugo Pinto recordó que el apellido nunca desapareció del radar público.
El exdiputado de Copán, fue asesinado a balazos en El Paraíso cuando compartía con amigos.
Errabundo, Sultán y una cadena de aseguramientos
Apenas semanas después llegó la Operación Errabundo II. Las acciones se concentraron en El Paraíso, Copán, donde fueron intervenidas propiedades atribuidas a integrantes de la familia Pinto.
Entre los nombres mencionados figuraba el del entonces diputado Hugo Pinto y los aseguramientos continuaron en los años siguientes.
En noviembre de 2017, mediante la Operación Sultán, el Ministerio Público volvió a dirigir sus esfuerzos contra bienes que, según las investigaciones, estaban vinculados a miembros de la estructura.
Las autoridades hablaron entonces de operaciones relacionadas con narcotráfico y lavado de activos, además de supuestos vínculos con el cartel de Los Valle.
Aquella operación dejó la inmovilización de decenas de propiedades distribuidas en varios departamentos del país.

El testimonio que volvió a ponerlos en escena
Los expedientes no solo se alimentaron de investigaciones financieras. Durante procesos judiciales desarrollados en Estados Unidos, Miguel Arnulfo Valle Valle aseguró que entregó sobornos al exdiputado Hugo Pinto.
Con esos pagos aseguró que obtuvo información relacionada con la discusión de la ley de extradición en Honduras.
Las declaraciones formaron parte de una serie de testimonios que involucraron a políticos, policías y otros funcionarios señalados por colaboradores de la justicia estadounidense.
Aunque los señalamientos no derivaron en condenas contra Hugo Pinto por esos hechos, el apellido apareció en escenarios donde se mezclaban narcotráfico, política y poder.
La captura del llamado “Rey del Norte”
Otro episodio clave ocurrió en diciembre de 2018. Orlando Pinto Espino fue capturado en Guatemala.
Las investigaciones lo identificaron como una figura relevante dentro de una estructura señalada por tráfico de drogas.
Las autoridades guatemaltecas sostuvieron que utilizó actividades empresariales y su cercanía con entornos religiosos para fortalecer su presencia en distintas regiones donde operaba la organización.
Su captura representó uno de los golpes más importantes sufridos por la familia fuera de Honduras.

Un apellido que nunca salió de los expedientes
A lo largo de los años, las investigaciones también alcanzaron a presuntos socios, colaboradores y supuestos testaferros vinculados a Orlando Pinto.
Allanamientos, capturas y nuevas pesquisas mantuvieron vigente el nombre de la familia en distintos expedientes relacionados con crimen organizado y lavado de activos.
Mientras tanto, el poder económico atribuido al clan siguió siendo objeto de análisis por parte de fiscales e investigadores financieros.
El nuevo capítulo
La ofensiva patrimonial esta semana demuestra que la historia está lejos de concluir. Más de diez años después, las autoridades concentraron sus esfuerzos en seguir la ruta del dinero.
Esta vez, el foco está puesto en más de 418 millones de lempiras cuyo origen no se justificó y en una red de bienes, empresas y productos financieros que hoy permanecen bajo aseguramiento estatal.
Para una familia cuyo apellido atravesó operaciones como Errabundo, Errabundo II y Sultán, el nuevo golpe no representa un hecho aislado.
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Es el capítulo más reciente de una historia en la que el patrimonio, más que las capturas, continúa siendo el principal campo de batalla de Los Pinto.
