La mano que entrega la droga es cada vez más joven, hasta 12 niños son detenidos diariamente en Honduras por vender o distribuir estupefacientes.

Esa es una cifra que revela cómo el microtráfico encuentra nuevos brazos para mantener funcionando el negocio.

No se trata únicamente de adolescentes que terminan vinculados al consumo. Las autoridades advierten que maras, pandillas y estructuras dedicadas al narcotráfico utilizan niños y adolescentes para vender, trasladar y distribuir droga.

Las cifras muestran el tamaño del problema. Durante 2026, los casos de menores involucrados en estas actividades aumentaron 70% en comparación con el año anterior, según estadísticas policiales.

Detrás de cada captura, sin embargo, queda una pregunta distinta: quién puso la droga en sus manos y quién maneja el negocio cuando detienen al menor.

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Microtráfico encuentra mano de obra entre los niños

Las estructuras criminales encontraron en niños y adolescentes un eslabón para operar en barrios y comunidades donde existe una fuerte demanda de drogas.

Son utilizados como fachada para realizar tareas que los colocan directamente frente al consumidor y, por tanto, también frente a las autoridades.

El mecanismo incluye venta y traslado de drogas e incluso movilización de armas, de acuerdo con la información proporcionada por las autoridades.

El microtráfico permite además operaciones pequeñas y dispersas, ya no se necesita que una persona permanezca controlando grandes cantidades de droga en un mismo punto para mantener activa una red de distribución.

En esa cadena, el menor es quien entrega pequeñas cantidades, moviliza mercancía entre sectores o permanece en los lugares utilizados para la venta.

Cuando cae, queda expuesto el último eslabón y la estructura que abastece y controla el negocio permanece detrás.

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¿Por qué utilizan menores?

Uno de los factores es la menor percepción de riesgo penal que las estructuras criminales atribuyen al uso de menores bajo el sistema de justicia juvenil.

Pero el escenario también tiene un componente territorial y las llamadas zonas calientes, sumadas a la existencia de mercados locales de consumidores, crean espacios donde las estructuras necesitan personas que se encarguen de la distribución.

Es allí donde niños y adolescentes quedan bajo el radar de maras, pandillas y redes del narcotráfico.

El incremento del 70% registrado este año muestra que su participación ya no puede observarse únicamente como casos aislados.

De vendedores a víctimas de la violencia

El peligro tampoco termina con una detención, el involucramiento de población joven en actividades ilícitas ocurre en medio de un escenario marcado por la violencia.

Entre el 1 de enero y el 31 de agosto de 2026, la Coordinadora de Instituciones Privadas Pro las Niñas, Niños, Adolescentes, Jóvenes y sus Derechos (COIPRODEN) reportó 330 muertes violentas de jóvenes entre 18 y 30 años.

El dato abarca población joven adulta y no exclusivamente menores de edad. COIPRODEN señaló el involucramiento en actividades ilícitas entre los factores presentes en parte de la violencia que golpea a este sector.

La cifra permite dimensionar el entorno en el que ocurre el reclutamiento, pero no establecer que esas 330 víctimas estuvieran vinculadas al narcotráfico.

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Caen, pero el negocio continúa

Las aprehensiones diarias muestran la parte más visible del fenómeno: niños y adolescentes sorprendidos cuando presuntamente venden o trasladan droga.

Pero detener al menor no necesariamente significa desmontar la estructura que colocó el producto en sus manos.

Detrás están quienes abastecen los puntos, controlan territorios, distribuyen cantidades mayores y convierten a los menores en piezas reemplazables dentro del engranaje.

El aumento del microtráfico entre menores deja así una señal más profunda que el 70% registrado durante 2026.

Eso muestra que el narcotráfico está trasladando parte del riesgo hacia quienes ocupan uno de los eslabones más vulnerables de la cadena.

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