El Golfo de Fonseca no solo ha sido una salida natural al Pacífico, también se convirtió en la puerta de entrada para cargamentos de cocaína que luego cruzaban el país con rumbo al norte.

En ese engranaje se movía la estructura conocida como “Los Sureños”, una red que combinó rutas marítimas con corredores terrestres para asegurar el traslado de la droga sin levantar sospechas.

Esa operación quedó expuesta en los tribunales luego de que el Ministerio Público lograra la condena de tres de sus integrantes.

Entre ellos figuran un expolicía señalado como cabecilla y un exmiembro de la Fuerza Naval, piezas que, según la investigación, aportaron conocimiento clave para mover los cargamentos.

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"Los Sureños" y las capturas que destaparon la estructura

La Sección Antidrogas de la Fiscalía Especial Contra el Crimen Organizado (FESCCO) obtuvo, mediante procedimiento abreviado, la condena contra José Antonio Cabrera, Roger David Flores Maldonado y Sinforeano Lazo Ochoa, a quienes se les impuso una pena de siete años y seis meses de prisión por tráfico de drogas agravado.

Las capturas se ejecutaron el 27 de agosto de 2024 durante ocho allanamientos en el departamento de Valle.

Esa fue una operación coordinada por la Agencia Técnica de Investigación Criminal (ATIC) que permitió no solo detener a los implicados, sino también seguir la ruta financiera de la organización.

Los Sureños
José Antonio Cabrera, Roger David Flores Maldonado y Sinforeano Lazo Ochoa, los tres condenados por la banda de Los Sureños.

Dinero, bienes y logística criminal

El golpe no se limitó a las detenciones, porque las autoridades avanzaron sobre la estructura económica del grupo.

Solicitaron la privación de dominio de 36 bienes considerados de origen ilícito, entre ellos inmuebles, vehículos y sociedades mercantiles que pasaron a manos del Estado a través de la OABI.

Las diligencias apuntan a que la organización no operaba de forma improvisada, sino que mantenía una logística definida.

"Los Sureños" recibían cargamentos de clorhidrato de cocaína por vía marítima en el Pacífico hondureño.

Una vez en tierra, los trasladaba hacia la zona norte utilizando la ruta del Canal Seco, un corredor clave para el movimiento de mercancías.

Los rastros que dejó la cocaína

La investigación también reconstruyó eventos anteriores que evidencian la continuidad de la operación.

En febrero de 2022, agentes de la ATIC incautaron 222 kilos de cocaína en Langue, Valle, y días después otros 180 kilos en la salida al sur de Tegucigalpa.

Esas eran acciones que derivaron en capturas de otros miembros de la misma estructura.

A esos decomisos se suma el hallazgo, en octubre de 2021, de más de 2.2 millones de lempiras ocultos en un vehículo.

Ese era para las autoridades un indicio que reforzó la línea investigativa sobre el manejo de dinero ilícito y la capacidad operativa de la red.

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El sur, una puerta que sigue abierta

Aunque la condena representa un avance judicial, el caso deja al descubierto una dinámica que se repite en el sur del país.

Se demostró que el Golfo de Fonseca sigue funcionando como punto de ingreso para la droga que luego se desplaza por rutas internas.

La caída de integrantes de “Los Sureños” no borra la estructura que hizo posible ese flujo.

Al contrario, revela cómo estas redes se adaptan, se fragmentan y vuelven a operar en un territorio donde la geografía y las rutas siguen jugando a su favor.

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