El triple crimen en la aldea El Rosario, en Santa Rosa de Copán, dejó una escena difícil de borrar. La noche del seis de septiembre de 2016, pobladores encontraron los cuerpos de dos hermanos y una mujer tirados en una zona solitaria.

No los mataron al azar ni abandonaron tras una discusión común. Los tres tenían las manos y los pies atados, mordazas en la boca y múltiples impactos de bala.

Aquella imagen dejó claro desde el inicio que las víctimas pasaron por minutos de sometimiento antes de morir.

A los fallecidos los identificaron como German Antonio Domínguez Ortiz, de 35 años; su hermano Óscar Domínguez Ortiz y una mujer que los acompañaba, pareja de uno de los hermanos.

El hallazgo sacudió a Copán porque el crimen reflejó un nivel de violencia más cercano a las ejecuciones del narcotráfico que a un homicidio común.

Triple crimen: atados y amordazados para que no pudieran escapar

Las investigaciones avanzaron rápidamente y las autoridades comenzaron a reconstruir lo que habría ocurrido antes de las muertes.

Una fuente ligada al caso explicó que a las víctimas las inmovilizaron para impedir cualquier intento de huida o resistencia.

Debido a que los tres estaban atados de pies y manos, además de tener mordazas en la boca, los investigadores sospecharon desde temprano que participaron varias personas en el sometimiento.

La escena habló por sí sola. No hubo señales de improvisación, los redujeron, silenciaron y ejecutaron.

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La Corte de Apelaciones de Santa Rosa de Copán revocó en octubre de 2016, el Sobreseimiento Provisional dictado el 12 de septiembre de ese año a favor del hijo de uno de los extraditados Valle Valle, menor que fue capturado durante la Operación “Relevo” por suponerlo responsable de la infracción penal de Asesinato. Foto: Ministerio Público.

El apellido Valle apareció en la investigación

Tres días después del crimen, el 9 de septiembre de 2016, las autoridades emitieron órdenes de captura contra tres miembros de la familia Valle.

Ese es un apellido que durante años estuvo vinculado a estructuras criminales y operaciones ilícitas en el occidente hondureño.

Uno de los señalados era menor de edad en ese momento. Se le detuvo y trasladó bajo custodia hasta Santa Rosa de Copán para comparecer ante los Juzgados de Letras Seccional.

Las autoridades mantuvieron bajo reserva el posible móvil del triple crimen, la fuente dijo en ese momento que revelar detalles podía afectar las capturas pendientes y comprometer la investigación.

Esa decisión aumentó todavía más el misterio alrededor del caso y alimentó las versiones sobre posibles disputas o venganzas detrás de las ejecuciones.

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La captura de Yosary reabre un caso marcado por el silencio

Durante años, el triple crimen en Copán pareció quedar atrapado entre el miedo, el silencio y las capturas pendientes.

Sin embargo, casi una década después de aquella ejecución que estremeció a la aldea El Rosario, el caso volvió a moverse con la reciente caída de Yosary Yazmín Valle Aguilar.

La captura de Valle Aguilar volvió a colocar el expediente bajo la mirada pública y abrió nuevamente la posibilidad de justicia para las familias de las víctimas.

Diez años después de los asesinatos, las autoridades consideran que el caso todavía puede avanzar contra quienes participaron en una de las escenas criminales más violentas registradas en Copán.

A Yosary la detuvieron, luego de permanecer prófuga durante años. Según las investigaciones, vivía en Guatemala bajo una identidad falsa mientras evitaba responder ante la justicia hondureña.

La reactivación del caso tomó todavía más fuerza este miércoles, cuando Yosary Yazmín Valle Aguilar, hija de Miguel Arnulfo Valle Valle —uno de los líderes de la estructura narcotraficante “Los Valle”— llegó a Tegucigalpa bajo un fuerte resguardo policial.

Su traslado pone sobre la mesa uno de los expedientes más crudos ocurridos en Copán y alimentó la expectativa de que, tras casi diez años, el triple crimen finalmente comience a caminar hacia la justicia.