Durante meses, subir a un taxi en Tegucigalpa pudo convertirse en una sentencia de miedo para varias mujeres. Lo que parecía un viaje cotidiano terminó, según las investigaciones, en secuestros, amenazas, robos y agresiones sexuales cometidas por integrantes de la banda “Los Vampis”, una estructura criminal que operó bajo un mismo patrón.
Esa red captó víctimas en las calles de la capital, las encerró dentro del vehículo y sembró terror antes de abandonarlas.
El Ministerio Público sostiene que “Los Vampis”, es una estructura integrada por hombres que, de acuerdo con la Fiscalía Especial de Protección a la Mujer (FEP-MUJER), utilizó un taxi como herramienta para movilizarse, seleccionar víctimas y cometer los delitos.
La captura y envío a prisión preventiva de Jefferson Alfredo Centeno Reyes, a quién señalan como el tercer integrante de la banda, revive el miedo de una banda que marcó a varias mujeres entre 2024 y 2025.
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"Los Vampis" y un patrón que se repitió en la capital
Según el expediente investigativo, las víctimas abordaban el taxi sin imaginar que dentro del vehículo comenzaría una pesadilla.
Una vez en marcha, los sospechosos las intimidaron asegurando pertenecer a estructuras criminales.
Las privaron de libertad y luego las sometíeron a agresiones sexuales mientras las despojaron de celulares, dinero y otras pertenencias.
Las autoridades aseguran que no se trata de hechos aislados. La FEP-MUJER documentó al menos cinco casos con características similares.
Eso permitió identificar un patrón de operación que conectó a los sospechosos con varios ataques cometidos en la capital hondureña.
Las diligencias de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI) permitieron ubicar el vehículo utilizado en los hechos.
Así establecieron la supuesta participación de los acusados. Para los investigadores, el taxi no solo era un medio de transporte, sino el escenario donde las víctimas quedaron atrapadas.
La acusación contra Jefferson Alfredo Centeno Reyes incluye asociación para delinquir, violación, robo con violencia e intimidación y privación ilegal de la libertad en perjuicio de testigos protegidos.
Otros dos supuestos integrantes ya guardan prisión por estos mismos delitos, mientras las autoridades amplían las investigaciones para determinar si existen más personas involucradas.
El miedo que persigue a las víctimas
Las secuelas psicológicas y emocionales de haber sido violentadas en un espacio que normalmente representa seguridad o rutina, marca a las víctimas.
Aunque la Fiscalía habla oficialmente de cinco víctimas, las autoridades creen que podrían existir más mujeres afectadas que aún no denuncian por temor, vergüenza o desconfianza.
Por ello, el Ministerio Público pidió a posibles víctimas acercarse a interponer denuncias para fortalecer el caso y ampliar las líneas de investigación contra la estructura.

La violencia que se mueve sobre ruedas
La aparición de estructuras como “Los Vampis” refleja cómo algunas bandas comenzaron a utilizar medios de transporte cotidianos para cometer delitos cada vez más violentos y difíciles de detectar.
En una ciudad donde miles de mujeres dependen diariamente de taxis y transporte colectivo para trabajar, estudiar o regresar a casa, el caso inquieta.
Ahora se preguntan: ¿cuántas víctimas más pudieron subir a ese vehículo creyendo que era solo otro viaje por Tegucigalpa?
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