Cuando bajó la marea, la droga quedó al descubierto, entre los manglares del Pacífico hondureño aparecieron decenas de fardos que presuntamente ocultaron después de que las autoridades interceptaran las lanchas que los transportaban.

Pero la historia no está solamente en los paquetes encontrados ni en la cantidad de cocaína decomisada, está en el lugar: el Pacífico hondureño vuelve aparece como escenario para el trasiego de droga.

En apenas dos días, dos operaciones realizadas en la zona comprendida entre Marcovia, Choluteca, y San Lorenzo, Valle, dejaron al descubierto más de 1.5 toneladas de supuesta cocaína. Primero fueron 648 kilos; después, más de 900.

Dos cargamentos, dos días y prácticamente el mismo corredor. La coincidencia pone el foco sobre algo más grande que las incautaciones: el Pacífico hondureño deja pistas de cómo las organizaciones criminales buscan alternativas para mover la droga hacia el norte del continente.

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El Pacífico hondureño vuelve a dejar pistas

Durante años, el Caribe hondureño estuvo bajo la lupa como uno de los principales corredores utilizados para introducir cargamentos de cocaína procedentes de Sudamérica.

La Mosquitia, Gracias a Dios, Colón y otros puntos de la costa norte quedaron asociados a avionetas, embarcaciones y cargamentos que luego continuaron hacia Guatemala y México con destino final a Estados Unidos.

Pero las rutas del narcotráfico no son inamovibles, los corredores se modifican cuando aumentan los controles y la presión sobre los puntos utilizados tradicionalmente.

En ese escenario, los recientes decomisos vuelven la mirada hacia el sur de Honduras.

El jueves apareció un cargamento, el viernes, otro. Ambos en una zona donde la geografía ofrece algo que resulta evidente en las propias operaciones policiales: costa, canales, lanchas y extensas áreas de manglar donde un cargamento se puede ocultar.

Así comienza a dibujarse la ruta: el mar para trasladar la droga y los manglares para esconderla.

La ruta del Pacífico hondureño

Los manglares se convierten en escondite

Los manglares se convirtieron en el escondite de los narcos y aunque el ojo policial no se apartó de la zona tras interceptar el primer cargamento, quienes transportaban la droga intentaron aprovechar la vegetación, el agua y la marea como una coartada natural para salvar parte de la cocaína que cruzó por el Pacífico hondureño.

Según explicó el portavoz de la Secretaría de Seguridad, Edgardo Barahona, las lanchas que presuntamente transportaban el cargamento las interceptaron desde el día anterior.

Los agentes no abandonaron el área y continuaron rastreando los manglares, entonces bajó la marea.

Los paquetes comenzaron a quedar al descubierto, los ocultaron y camuflaron en el sector para evitar que los detectaran.

Y así, especialistas antinarcóticos, ubicaron finalmente los 37 fardos, fue una búsqueda ´que se prolongó porque la Policía no descartó que hubiera más droga enterrada, abandonada u oculta en puntos cercanos.

cambio de rutas

Lanchas para llegar, manglares para ocultar

En lo que va de 2026, las autoridades hondureñas contabilizan alrededor de 2.5 toneladas de cocaína decomisadas.

Más de la mitad de esa cantidad apareció solamente en estas dos operaciones consecutivas en el sur.

Sin embargo, quedarse únicamente con la suma de los kilos haría perder de vista lo que revelan las operaciones.

Las estructuras del narcotráfico necesitan puntos para ingresar, trasladar, esconder y posteriormente sacar los cargamentos.

En las últimas operaciones, las lanchas y los manglares aparecen como piezas de esa logística.

Y el sur hondureño ofrece una extensa franja conectada al Pacífico que ahora vuelve a quedar expuesta por los decomisos.

Esto no significa que el Caribe dejó de utilizarse ni que el Pacífico sea un reemplazo definitivo de las rutas tradicionales.

Lo que sí muestran las operaciones es que el Pacífico hondureño aparece cada vez con mayor claridad dentro del mapa del trasiego de cocaína.

Esta vez fueron dos golpes consecutivos los que permitieron verlo, pero sobre el terreno dejaron algo más difícil de esconder: una ruta del narco que comienza a dibujarse sobre el Pacífico hondureño.

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