Honduras continúa siendo una autopista estratégica para el narcotráfico que conecta Sudamérica con los mercados de Estados Unidos y Europa. Según el reporte anual del Departamento de Estado, en 2024 las interdicciones aumentaron respecto al año anterior. Las Fuerzas Armadas de Honduras decomisaron más de 19 toneladas de coca en alta mar y la Policía Nacional otras tres en tierra.
Sin embargo, los números, aunque contundentes, no logran revertir la condición estructural: el país es un eslabón vital en el corredor de la cocaína.
Cultivos de coca que avanzan
El informe advierte que las plantaciones de coca continúan expandiéndose en Colón y Olancho, donde la deforestación y la falta de presencia estatal permiten a las organizaciones criminales operar con impunidad.
Aunque se erradicaron tres millones de plantas en 2024, menos que los 4.7 millones destruidos en 2023, la reducción responde más a limitaciones logísticas y presupuestarias que a un verdadero retroceso del negocio.
Las fuerzas de seguridad también destruyeron ocho laboratorios de procesamiento, pero la falta de vigilancia aérea eficaz deja espacios abiertos que los narcotraficantes aprovechan con rapidez.

El mar como escenario del narcotráfico
Las incautaciones marítimas crecieron de manera significativa en 2024. Las lanchas rápidas siguieron siendo el método predilecto de contrabando: cinco de las diez embarcaciones decomisadas entre enero y septiembre eran de este tipo.
A pesar de los esfuerzos, la carencia de aeronaves funcionales y de tecnología de control limita las operaciones.
La cooperación con Estados Unidos, a través del acuerdo marítimo shiprider y la Unidad de Investigaciones Especiales (SIU), permitió arrestos de alto perfil.
Además, aseguró decomisos relevantes, pero la fragilidad de los recursos estatales deja a Honduras en clara desventaja frente a las redes criminales.
Corrupción y alianzas criminales
El informe no omite uno de los factores más corrosivos: la corrupción. Funcionarios vinculados al crimen, sumados a la débil coordinación interinstitucional, socavan la estrategia.
Además, pandillas como la MS-13 y Pandilla 18 fortalecen nexos con cárteles internacionales.
Entre ellos: Sinaloa, Jalisco Nueva Generación, el Clan del Golfo y el Tren de Aragua, que tejen una red transnacional que multiplica la complejidad del problema.
Este panorama coloca a Honduras en una encrucijada: más coca circula, más rutas marítimas se usan y más corrupción erosiona los esfuerzos oficiales.
¿El fentanilo en Honduras?
Por otro lado, aunque Honduras participa en la Coalición Global contra Drogas Sintéticas, las limitaciones técnicas impiden verificar si ya existe producción local de fentanilo en el país.
"La incautación en 2023 de 97 kilos de esta sustancia en Puerto Cortés fue una alerta temprana que aún no se atiende con suficiente rigor", señala el informe.
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El reto pendiente de Honduras en la lucha antidrogas
El balance de 2024 muestra un país que decomisa más coca y asegura más lanchas, pero que al mismo tiempo enfrenta un narco fortalecido, adaptativo y con conexiones globales.
La conclusión del informe es clara: sin recursos suficientes, sin reformas legales efectivas y sin un combate frontal a la corrupción, Honduras seguirá atrapada en la espiral del narcotráfico.
La radiografía de 2025 no es alentadora: el enemigo avanza tanto en la selva como en el mar.
Solo una estrategia integral podrá evitar que el país siga siendo una escala indispensable para el crimen transnacional.
